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Las pijas también saben follar
Fecha: 21/10/2026, Categorías: Hetero Autor: Randy, Fuente: TodoRelatos
... en el campo de al lado y yo le tapé los ojos comentando que eso no podía verlo hasta el matrimonio. Nos reíamos todos. No tardamos en quedarnos sin bebida. Me fui con Conchi a buscar provisiones a su casa, aunque lo hice para que no tuviese que bajarlo todo ella sola, alegué que debía protegerla alguien de los peligros nocturnos. De camino, seguimos bromeando. Era muy fácil vacilarle. Le pasé el brazo por encima, sujetándole unos segundos el hombro del lado contrario. Quería mostrarle afecto, a pesar de picarle tanto. —Confundes ser vulgar con ser una mojigata, que no tiene nada que ver— me reprochó. —El celibato no tiene nada de malo, no te avergüences— le contesté, payaseando. Estábamos llegando ya a su casa. En la puerta, se empezó a reír consigo misma. Le interrogué con la mirada, extrañado. -Cosas mías- concluyó. Antes de reanudar el paso, me hizo una caricia en la mejilla. Puede que fuese un gesto amistoso, un gesto burlón, un gesto sexy… para mí fue todo eso a la vez. Lo achaqué al alcohol. Normalmente no suele ser tan juguetona. Subimos. Su casa era antigua, con techos altos y muebles que olían a verano guardado. Al entrar, recargamos la bebida y, antes de marcharnos, me ofreció un tour, por el enorme edificio. Fuimos habitación por habitación, hasta que llegamos a un dormitorio con tres camas de muelles que crujían solo con mirarlas. Me tiré para probarla. Di un par de saltos. Los muelles chillaron todo lo que no habían chillado en años, ...
... inmóviles. —Dios, en estas camas… está jodido darse cariño — —Típica respuesta de un mojigato— me respondió Dio un trago de la litrona, la dejó encima de un mueble y se subió a la cama. Dio varios saltos llevando los muelles al límite. En uno de esos cayó prácticamente encima de mí. Quedamos cara a cara, tan cerca que ya no era una broma. Y sí, me quedó claro que era guapísima. Yo me reí, medio incrédulo. No podía tomarla en serio. Esta situación no me encajaba con Conchi. No podía haber ninguna intención. Así que respondí con normalidad. Le dije que tuviera cuidado, que eso podía ser peligroso si lo hacía encima de hombre. Tan peligroso como pisar una mina. No esperaba nada con esa frase, pero le tocó algo. Me miró seria, como si le hubiera herido el orgullo. —¿Y tú qué sabes listo? —me dijo—. No tendría ningún problema. No sabía qué responder y durante un par de segundos hubo un silencio incómodo. —¿Sabes por qué me reía antes? —me dijo desafiante— te burlas de mí porque crees que no sabría que hacer con un hombre desnudo… Y he podido con dos a la vez. Y tú, ¿qué? A ti te quitaba la tontería rápido— sentenció. Era como si, de pronto, se hubiera arrancado la máscara de niña fina y me estuviera hablando otra Conchi. Una que no conocía, pero que me fascinó al instante. Me cambió el chip. La atraje hacia mí con decisión. Nos besamos. No fue un beso tonto de verano, fue uno de esos que se sienten en el estómago. Apasionado, torpe, joven, eléctrico. Las caricias por ...