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Lore: Mis inicios VI
Fecha: 22/10/2026, Categorías: Incesto Autor: LorenaMx, Fuente: TodoRelatos
El intercambio de miradas me pareció eterno. No hubo palabras entre nosotros, pero algo más profundo que el lenguaje estaba sucediendo: sus ojos y los míos parecían decir aquello que la boca se negaba a pronunciar. Fue entonces cuando lo sentí… como si el suelo bajo mis pies ardiera de pronto, y ese fuego subiera poco a poco, trepando por mis piernas, colándose en mi abdomen, encendiendo mis pechos, mis brazos, y alcanzando incluso el rincón más íntimo de mí misma. Vi cómo sus labios parecieron a punto de pronunciar algo, cuando el sonido de pasos en la escalera quebró el instante. Era mi madre. —Hola, pa… hola, ma —atiné a decir, la voz temblorosa, antes de huir hacia mi cuarto y cerrar la puerta tras de mí. No sé si fue la carrera apresurada por las escaleras, o la tensión acumulada en ese silencio compartido, pero al dejarme caer sobre la cama sentí mi respiración desbordada, como si hubiera corrido kilómetros. El calor no me abandonaba. Se había quedado dentro de mí, palpitando, rehusándose a disiparse. Por primera vez empecé a comprender lo que, en su momento, mi madre había intentado explicarme sobre los chicos, sobre esas emociones que podían aparecer de golpe, sin previo aviso. Recordé también aquellas clases de educación sexual en la escuela, a las que apenas presté atención porque la sola idea me llenaba de vergüenza. Y cómo, en voz baja, algunas amigas del grupo —las más adelantadas— compartían sus experiencias, relatos que yo siempre escuchaba con una ...
... mezcla de incredulidad y distancia. Yo me había rehusado a hacerles caso, aferrándome a las palabras de mis padres:“Nunca hay que tener prisa por descubrir… todo llega cuando tiene que llegar.” Pero ahora, en medio de este torbellino, no podía evitar preguntarme: ¿será que lo que tanto me habían dicho ya había llegado? ¿O simplemente estaba dejándome arrastrar por las hormonas propias de mi edad? Y si, en efecto, el momento había llegado… ¿por qué tenía que ser precisamente con… él? Decidí cortar el hilo de mis pensamientos; sabía que darle más vueltas no me conduciría a ningún lugar seguro. Pero el silencio mental me llevó a otra conciencia: las palpitaciones en mi cuerpo seguían allí, tercas, vivas. El calor no cedía. Algo dentro de mí me urgía, casi me suplicaba, que encontrara la forma de apagar el fuego que me consumía desde adentro. Me dejé caer sobre la cama, con el pecho subiendo y bajando como si hubiera corrido una larga distancia. Cerré los ojos, intentando calmarme, pero cada parpadeo me devolvía la misma imagen: él, recostado en el sofá, esa camiseta gris que de pronto parecía revelar más de lo que cubría, y la intensidad de sus ojos sobre los míos. Me incorporé de golpe y caminé hacia el espejo de mi tocador. Al mirarme, por un instante, no supe reconocerme. La chica reflejada no era del todo la misma que había visto cada mañana antes de la escuela. Había algo distinto en la forma en que su respiración agitaba su pecho, en el rubor que coloreaba ...