1. Lore: Mis inicios VI


    Fecha: 22/10/2026, Categorías: Incesto Autor: LorenaMx, Fuente: TodoRelatos

    ... sus mejillas, en el brillo de sus ojos, casi febril.
    
    Me observé con atención, como si tratara de descubrir el secreto que ese reflejo guardaba. La falda del uniforme todavía caía a mitad de mis muslos, y la blusa blanca, ligeramente arrugada, parecía ceñirse más de lo habitual. Nunca antes había reparado en esos detalles, y sin embargo, en ese instante, todo parecía subrayar una versión de mí que apenas estaba conociendo.
    
    Tragué saliva, sintiendo un cosquilleo extraño recorrerme desde el pecho hasta el vientre. Aquella imagen me desconcertaba: ¿era yo misma, o era otra? Una versión desconocida que, sin saber cómo, había despertado… y que me miraba desde el espejo con una mezcla de inocencia y un secreto recién descubierto.
    
    Me aparté con brusquedad, como si el reflejo pudiera delatarme. Y sin embargo, al cerrar los ojos, la sensación permaneció. No era algo que pudiera borrar tan fácilmente.
    
    Me fui desabotonando la blusa con calma, como si cada botón que cedía liberara algo más que tela: un suspiro contenido, un secreto guardado. El cierre de la falda descendió con un sonido que me pareció ensordecedor en el silencio de la habitación. Bastó un movimiento de cadera y un leve empuje de mis manos para dejarla caer; sentí la caricia de la tela al deslizarse por mi piel, y un escalofrío me recorrió al imaginar que no era la prenda la que me rozaba, sino sus manos, avanzando con esa lentitud que en mi mente se volvía insoportable.
    
    Volví la mirada al espejo. Me vi, ...
    ... me estudié, como si contemplara a una desconocida. Por primera vez, observé mis formas sin incomodidad ni vergüenza, sino con un extraño agrado. Ese reflejo me devolvía una imagen que no había querido reconocer: la de alguien que estaba cambiando, y que, en lo más profundo, deseaba ser descubierta.
    
    Tomé el celular con manos temblorosas. Dudé, respiré hondo, y al final me hice un par de fotos. El corazón me martillaba en el pecho mientras lo hacía, con el temor de que alguien más pudiera verlas, pero al mismo tiempo con una punzada secreta de deseo: la de que, de algún modo imposible, esas imágenes terminaran llegando a sus ojos.
    
    Las guardé en una carpeta oculta, como quien esconde un tesoro prohibido. Sabía que nadie más debía verlas, y sin embargo… no pude borrarlas. Al contrario, al dejarlas ahí, accesibles, sentí como si hubiese dejado una puerta entreabierta, una invitación muda a un destino que aún no me atrevía a pronunciar.
    
    El tomarme las fotos no disipó el calor ni las palpitaciones de mi cuerpo. Comprendí que no existía fuerza de voluntad capaz de apagar esa sensación, así que aparté mi celular, recogí el uniforme del suelo y me dejé caer en la cama. Cerré los ojos, buscando calma, pero el latido que recorría cada rincón de mí solo se hacía más insistente.
    
    Y entonces lo vi. El vestido de la fiesta, colgado en silencio, parecía observarme. No era solo una prenda: se había vuelto un símbolo, un cómplice involuntario, un testigo mudo de todo lo que me estaba ...