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Carta a Priya
Fecha: 22/10/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Eunoia, Fuente: CuentoRelatos
Querida Priya, ¿Cómo van las cosas por Calcuta? Supongo que con pocos cambios. Allí las cosas van con otro ritmo, no como el frenético vaivén de la City. Aquí el tiempo ya cambió, y Londres presenta unos días tan grises e inhóspitos como siempre, con su gente cargada de falsa amabilidad y el fariseísmo de todo Occidente. Te quiero contar lo último entre Edgar y yo. Lo pasarás bien, ¡seguro! El domingo pasado se acercó al salón y se quedó mirándome un rato, con los brazos detrás de la espalda. Cuando levanté la vista de mi libro vi que estaba extraño. En seguida comprendí que estaba caliente y quería que nos acostáramos. Se acercó y me mostró lo que escondía detrás de la espalda. Era una caja. “Es una sorpresa, Rami”, me dijo. Me lo dio y abrió el paquete. Dentro había un delgado dildo plateado. Yo me eché va reír sosteniendo el instrumento. “Menudo regalo…”, dije. Él se sentó al lado mío y me abrazó. Inició los juegos besándome el cuello y abriendo mi blusa. Metió los dedos y acarició mis senos, como sopesándolos y retorciendo los pezones. Inevitablemente, yo noté el ardor en mi interior, ya me conoces, así que me dejé manosear y comer por su boca caliente. Toqué su bulto y tenía el pene duro dentro de los pantalones. Así que le abrí la cremallera y se la saqué y la apreté entre mis dedos, bajando y subiendo la piel, sobándole el capullo con fuerza. La polla estaba durísima y tiesa. Edgar la tiene grande y gruesa. Él se dejó hacer y yo me quité la blusa y la ...
... falda, quedándome en bragas. Edgar se echó sobre mí y me magreo los senos, las besó y chupó mis pezones. Me acordé de ti, de tus inmensas tetas cuando le dabas de mamar a Arhaan. Fue, ¿recuerdas?, cuando tú me miraste y me sonreíste, y yo a ti. Te diste cuenta y me mostraste mejor la que el bebé dejaba libre. De ese momento nació nuestro deseo común y nuestro amor. ¡Ah, amor mío, cómo suspiro al recordarlo! Tenías el pezón grandísimo, con aquella aréola brillante que ocupa casi la mitad de la circunferencia del pecho. Al cambiar a Arhaan el otro pezón dejó discurrir gotas de tu blanca leche hacia abajo. Yo me acerqué y pasé por él con el pañuelo, haciendo una caricia disimulada; pero tú te percataste, echaste la cabeza hacia arriba y me dirigiste una mirada entre tierna y voraz. Así que deje el pañuelo y pase mis dedos por encima de tu pezón, que seguía rezumando gotas lácteas. Así comenzó, mi vida, estrella de mis noches, nuestra relación de pasión y dulzura. ¿Te acuerdas, Pri? Froté su falo y Edgar se desnudó. Entonces yo me quité la braga. Él cogió el artefacto y sacó de la caja un pequeño spray lubricante, y untó todo el dildo. “Túmbate en el sofá, Rami”, me dijo. Y yo me puse boca abajo. Edgar comenzó a besarme desde el cuello al culo, me dio un par de cachetadas suaves y me beso cada glúteo. Y metió sus dedos por en medio de mi mata frondosa de pelos. Los hundió dentro de mi vulva, que estaba muy mojada ya. Su lengua mojaba la entrada, pero no como tú lo haces, ...