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Carta a Priya
Fecha: 22/10/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Eunoia, Fuente: CuentoRelatos
... cariño, con tu suave lamido, con tu forma de besar toda la extensión de mi yoni, como un pétalo de rosa en cada labio abierto. También me acordé de la fragancia de tu vulva, rosada y perlada de tu rocío interior. Sacó los dedos y me acaricio el agujero de encima. Yo notaba cómo acariciaba la grietita y las líneas de mi ojete, una por una, deteniéndose en el agujero y haciendo circulitos en él. Se agachó y lo besó. Yo seguía de boca para abajo, con las piernas abiertas, dejando que él me llenara de saliva el ojete. Edgar jugaba en mi entrada. Para facilitar la penetración recogí las piernas y subí los glúteos. Si dedo accedió fácilmente con la humedad de la saliva. Tomó el consolador y lo fue introduciendo en mi recto. Yo gemí al sentir cómo me penetraba, tu conoces cómo me excito. El aparato iba entrando y se hundió en mi carne expandida. ¡Ojalá hubieras sido tú, Pri, la que me follase por el culo! Me fui mojando toda, a la vez que él me iba jodiendo. El dildo salía y entraba fácilmente; mi canal estaba lubricado. Edgar estaba todo empalmado y cuando me giré se estaba manoseando el pepino. Me dejó dentro el aparato y vino hacia mí. Quería que se lo chupase. El lingam se le balanceaba al caminar. Aproveché para acariciarme la vulva y masturbarme. Le besé el capullo, pero no le hice la mamada que reclamaba. Él se pajeaba y jadeaba fuertemente. Me bajé del sofá con el consolador dentro del ojo del culo. Me gustaba la sensación, tú ya lo sabes, porque una vez jugamos ...
... a hacer un 69; que yo te comiera la almejita mientras tú me follabas por detrás. Ese inolvidable día las dos tuvimos un orgasmo simultáneo, y nos corrimos entre chillidos de placer, para terminar abrazadas hasta que nos dormimos. Le pedí a Edgar que se tumbara él boca arriba. Le agarré la verga y comencé a masturbarlo enérgicamente, hasta que le hice correrse en su propio vientre velludo. El esperma salió disparado y chorreó por su pecho y el vientre. Entre espasmos dejó escapar salpicones de leche, que bajaba a lo largo de su falo enhiesto y le mojaba los huevos. Él gemía una y otra vez. Mientras, yo metí los dedos en el coño y me masturbé vigorosamente el clítoris…y me fui. Los movimientos de la vulva arrastraron el dildo fuera de mi agujerito, que estaba chorreante, palpitando y abierto. Así terminó todo. Y esa fue mi experiencia anal con Edgar, quien seguramente creía que yo era virgen por ahí. El ignora, como es natural que tú me desvirgaste aquella tarde, el día que nos quedamos solas (a veces lo recuerdo y me pongo caliente, entonces me excito hasta que me dejó llevar y me masturbo) y él fue a su consulta médica. Fue cuando tú me follaste por detrás, mientras yo te comía ese jugoso coño, mi añorado yoni. Fue, la segunda maravillosa vez en que nos hicimos el amor, tiernamente, no a la manera masculina. Ahora pienso en ti, en tu voz clara, en tu silueta. Priya, te echo de menos y añoro tus labios, tu espalda, tu vientre, tus pechos…¡Necesito restregarme en tu ...