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Maestra rural en marcha del día del trabajo
Fecha: 23/10/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Miss Tomi, Fuente: TodoRelatos
Maestra rural en marcha del día del trabajo Las cosas en Tierra Blanca seguían igual… pero yo no. Después de Martín, algo en mí se encendió y ya no supe cómo apagarlo. No era solo deseo. Era hambre de presencia, de contacto, de mirada. Y eso me lo despertaban dos hombres, distintos, opuestos, que me habitaban en tiempos cruzados. Armando seguía provocando como siempre, como quien no sabe si quiere volver a tenerme o solo recordarse dentro de mí. Y yo… yo jugaba a que no, pero le dejaba el espacio abierto por si algún día me nacía decirle que sí otra vez. Martín era otra cosa. Un abrazo lento. Un silencio que pesa rico. Me tocó una sola vez, pero fue tan hondo que mi cuerpo aún responde cuando lo imagina. Y como te conté en relatos anteriores, llegó el día de la “invitación a asistir a la marcha del día del trabajo” Desde temprano supe que ese día sería distinto. Me vestí para caminar, sí… pero también para provocar sin decirlo. Tanga negra de licra, top deportivo, pants gris entallado que me dibujaba el alma por detrás, blusa de tirantes y una sudadera suelta. La gorra y la coleta alta solo disimulaban lo que hervía debajo. Después de llegar al punto de encuentro gracias a Armando y su camioneta, él se encontró a un par de amigos con los que estudió en sus tiempos de normalista rural y “me abandonó a mi suerte” Entonces…reapareció Luis. El supervisor. El que no se presenta con deseo, sino con autoridad disfrazada de caballerosidad. Desde el ...
... momento en que lo vi, supe que Luis no venía solo a marchar. Estaba ahí, de pie junto a uno de los camiones sindicales, apoyado contra la defensa como quien no espera a nadie, pero observa a todos. Llevaba jeans oscuros que se le ajustaban con descaro a los muslos y al bajo vientre, y una polo blanca remangada que se aferraba a su pecho ancho, sudado. Los lentes oscuros no ocultaban su gesto: esa media sonrisa suya, la que nunca sabe si es saludo o invitación. Me vio. Me buscó. Se acercó como si la marcha solo comenzara cuando yo llegara. —Maestra Tomi —dijo, quitándose los lentes—. Parece que el sindicato mejora su imagen con solo verla llegar. —No me digas que ahora se fijan más en el pants que en la protesta —le contesté, sabiendo que mi pants gris entallado, mi top apretado, y esa tanga que no dejaba espacio a la imaginación, hablaban sin que yo abriera la boca. —Con todo respeto… —susurró—. Es imposible no fijarse. ** Avanzamos entre gritos y tambores, hasta que la plaza nos tragó con su masa de cuerpos apretados. Fue ahí. En medio de la multitud. Cuando ya no se podía caminar ni girar, ni fingir que no éramos dos cuerpos pegados. Luis quedó detrás de mí. No cerca. Encajado. Su torso contra mi espalda. Su abdomen aplastado contra mis caderas. Y abajo, esa dureza creciente que no podía ni quería ocultar. Su verga creciente, pegada a mis nalgas, separada por mi pants y sus jeans El calor del mediodía y el encierro de cuerpos nos dieron la ...