1. Maestra rural en marcha del día del trabajo


    Fecha: 23/10/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Miss Tomi, Fuente: TodoRelatos

    ... excusa. Pero ya no la necesitábamos.
    
    Caminábamos de manera pausada y charlábamos sobre mi estancia en Tierra Blanca y las complicaciones naturales de mi pago atrasado, le comentaba que comenzaba a sentir inquietud dado que asuntos familiares me impedían disponer de mis ahorros y que el tiempo se me comenzaba a agotar.
    
    Me comentó que era natural que mi pago estuviera atorado y que es una cosa que puede llevar más tiempo de lo que quisiera, pero se comprometió a ayudar en lo que pudiera, lo cual me relajó un poco, pero también me hizo sentir que estaba preocupada por mi, eso fue lindo, pero no escondió que también quería apoyarme de otra manera, y así fue..justo cuando me mostré un poco más vulnerable pero al mismo tiempo tranquila por contar con su apoyo...
    
    Su mano bajó a mi cintura. Me sostuvo. Me ancló. Y entonces… comenzó a moverse.
    
    Primero lento. Por fuera del pants. Palma abierta sobre la curva de mi nalga derecha. Una caricia apenas disimulada que me erizó entera. Luego, por reflejo, empujé mis caderas hacia atrás, y sentí el roce más directo, más lleno.
    
    Su respiración me tocó el cuello. Su otra mano subió por debajo de la sudadera, lenta como quien sabe que está a punto de cruzar una línea.
    
    —No sé si estás temblando… o esperándome —murmuró en mi oído.
    
    —Las dos cosas —le dije, sin volverme.
    
    **
    
    Sus dedos encontraron la base de mi espalda. La recorrieron. Se expandieron sobre mi piel como si la leyeran. Y luego guié su otra mano yo. La tomé. La ...
    ... subí. Sobre mi pecho. Encima del top. Firme.
    
    No fue un arrebato. Fue una entrega. Le dejé sentirme. Pesada. Tensa. Hinchada de deseo.
    
    No hizo presión. Solo mantuvo su palma ahí, caliente, vibrante. Y yo… yo no podía ni parpadear.
    
    Mi pezón, endurecido, palpitaba contra su mano. La tela del top ya era solo una formalidad. Yo era piel abierta. Voluntad cedida.
    
    Luis bajó el rostro y dijo, apenas rozando mi oreja:
    
    —Nunca nadie me hizo sudar sin moverme…
    
    **
    
    Nos quedamos así.
    
    Su mano sobre mi pecho. Su cuerpo envuelto alrededor del mío. Su verga dura contra mis nalgas. Mi sudor mezclado con el suyo. Y mi tanga… absolutamente rendida.
    
    No necesitábamos más. No había espacio para más. Pero cada poro mío pedía que no terminara.
    
    Y cuando retiró lentamente su mano, me sentí vacía… y a la vez llena. Como si me hubiera dejado algo adentro. Algo que no se ve.
    
    Luis no se apartó.
    
    Seguíamos ahí, en medio de la muchedumbre, como si el mitin fuera un decorado lejano, una excusa que nos envolvía sin tocarnos de verdad. Los cuerpos alrededor formaban una muralla humana. Nadie nos veía. Pero yo sentía todo.
    
    Su mano, la que segundos antes había reposado sobre mi pecho, descendió por debajo de la sudadera. Rozó el costado de mi torso, bajó lenta, como si memorizara el contorno de mis costillas, de mi vientre, del borde del top… y luego se detuvo justo encima de mi pants.
    
    No se metió. No empujó. Solo presionó ahí, firme, en la base del vientre, donde la tela del ...