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EsposasPerfectas.com - Cap 10
Fecha: 28/10/2026, Categorías: Transexuales Autor: maria sol, Fuente: TodoRelatos
... se desliza sobre mi piel como un suspiro, mientras mis manos tiemblan apenas al acomodarlo. Siento que mis mejillas arden, que el collar de perlas se aprieta más en mi cuello como si ya supiera lo que me espera. Me acerco a él, bajando la mirada, y entonces siento el roce de su mano al posarse en la mía. La calidez de su piel contrasta con el frío de mis dedos nerviosos. Me guía fuera del comedor y yo lo sigo dócil, con el corazón golpeando en el pecho como un tambor. El pasillo es largo, silencioso, iluminado por antorchas y candelabros; cada cuadro y sombra parecen observarnos, cada paso parece anunciar mi destino. Al pasar frente a un recodo, él se detiene bruscamente. Yo casi tropiezo en mi nerviosismo, pero él me sostiene con firmeza por la cintura. Señala con la otra mano un gran óleo colgado en la pared, muy bien iluminado. El resplandor de las velas ilumina la figura central de la pintura, donde una mujer radiante, altiva y etérea, con un vestido opulento de seda, pero simple y delicado color marfil, me mira fijamente, llena de gracia y poder. Mis labios se entreabren, fascinados, y él, sin apartar los ojos del retrato, dice con solemnidad: — Mírala bien, querida... ella es María Antonieta, mi tatara tatara abuela. Un escalofrío me recorre la espalda. La observo con devoción, con miedo, con un extraño deseo de pertenecer a esa imagen. La pintura parece devolverme mi propio reflejo, como si me viera en ella, vestida con el mismo vestido y coronada con ...
... un collar de perlas igual al mio, sintiendo que el tiempo nos une. Él acerca sus labios a mi oído y su voz grave me acaricia la piel como una caricia ardiente, — Para muchos ella fue símbolo de decadencia. Para mí, es la representación más pura de la feminidad. Supo ser reina, supo ser esposa y esclava de su destino. Hoy, al verte a ti, sé que no fue en vano. Tú serás su encarnación. Mis piernas flaquean, el rubor sube a mis mejillas, y apenas logro balbucear: — ¿Yo, mi señor...? Él gira mi rostro hacia el suyo, sujetando con firmeza mi mentón entre sus dedos. Sus ojos brillan con un fuego que me desnuda y me doblega. — Sí, tú. No ya como soberana, sino como la reina en mi casa, en mi cama, y a mi merced y voluntad. Tú reivindicarás a María Antonieta, no con poder para los demás, sino con tu obediencia. Siento que mis labios tiemblan, que mis ojos se humedecen. Todo mi ser se estremece entre el miedo y la devoción. Bajo la cabeza y susurro con voz entrecortada: — Haré honor a esa encarnación, mi señor... — ¿La ves? mírala nuevamente, escucha lo que te tiene para decirte, descubre sus secretos dice, señalando el cuadro. Para quedarse en silencio unos segundos. Mis ojos se clavan en aquella mujer nuevamente allí inmortalizada en óleo, su porte regio, sus collar deslumbrante, su mirada altiva y sensual. Mi corazón late con fuerza, todo esto que veo es lo que hoy me han comenzado a inculcar mis tutoras, ahora comprendo todo. — Fue esposa como tú ya ...