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EsposasPerfectas.com - Cap 10
Fecha: 28/10/2026, Categorías: Transexuales Autor: maria sol, Fuente: TodoRelatos
... lo eres, continúa él, acariciando mi cuello con la yema de sus dedos—, obediente a un rey torpe, cumpliendo con deberes fríos, humillada por su falta de pasión. Pero también fue amante... ardiente, secreta, prohibida. El mundo la odiaba por ser ambas cosas a la vez. Siento que me aprieta el collar y me obliga a mantener la cabeza erguida frente al cuadro. — Tú, mi esposa —susurra en mi oído—, eres su encarnación. En ti se reencarna esa dualidad. Serás mi esposa sumisa, mi reina encadenada al deber y a la obediencia. Y serás mi amante, ardiente y prohibida, entregada a mis pasiones más oscuras, sin derecho a negarse. Mis labios tiemblan, mi voz apenas logra salir: — ¿Soy yo... su María Antonieta, mi señor? Él sonríe con cruel ternura, me rodea con sus brazos y murmura: — No solo eres su encarnación... eres su reivindicación. Donde ella fracasó, tú triunfarás, obedecerás sin reservas, amarás sin condiciones, sufrirás y gozarás solo para mí. Serás esposa y amante, reina y esclava, en un mismo cuerpo que se transforma para mi voluntad. Una lágrima resbala por mi mejilla, mezcla de miedo y orgullo. Frente al cuadro siento que ya no me pertenezco: soy herencia de una historia rota, rescatada para vivir en mi carne. Él sonríe satisfecho, besa lentamente mi frente, y añade con voz baja pero firme: — Esta noche, en mis cama, nacerá la verdadera María Antonieta. La que no pertenece a la historia, sino a mí. Vuelvo a caminar a su lado. Cada paso me ...
... parece eterno, cada sombra en el corredor me recuerda que avanzo hacia un destino sin retorno. Mis manos tiemblan al roce de su brazo, mis labios arden de ansiedad. Mis nervios femeninos me hacen sentir frágil y temblorosa, pero en lo más profundo arde también una emoción oscura, un deseo de ser tomada, de ser reclamada como suya. Al llegar frente a la imponente puerta de madera tallada, dos criados la abren con solemnidad. El aire que emana desde el interior es más denso, impregnado de maderas nobles, vino e incienso. El corazón me late con violencia. Sé que al cruzar ese umbral ya no volveré a ser la misma. Él entra primero, con paso firme. Yo lo sigo, sintiendo mis rodillas débiles, mis labios resecos, mi respiración agitada. Al cerrar la puerta detrás de mí, el mundo entero queda afuera. Ya no soy yo soy la encarnación de esa mujer que él me ha impuesto, la esposa destinada, la nueva María Antonieta de su dominio. El cuarto es amplio, solemne, dominado por una cama de dosel con cortinajes oscuros, y una mesa lateral en la que arde un candelabro bajo. Él me ordena con un gesto que me coloque frente a la cama. Mis manos tiemblan cuando obedientes y silenciosas, mientras sus manos empiezan a desatar con precisión los lazos de mi vestido marfil. El roce de la tela cayendo sobre mi piel es como una caricia lenta que me expone, capa tras capa, hasta que finalmente la seda resbala por completo y me quedo desnuda, vulnerable, bajo la mirada penetrante de mi ...