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Ola de calor 6
Fecha: 02/11/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Javi, Fuente: TodoRelatos
... quería hacer ninguna barbaridad allí. Pasado un rato la puerta de acceso a la terraza se abrió y apareció un matrimonio de cincuenta y muchos o sesenta años, vinieron en nuestra dirección y se nos quedaron mirando, yo los miré, por si querían algo. El hombre sonrió y me dijo: -Vaya, vaya. Nos habéis quitado el sitio. -Anda que no hay tumbonas aquí.- Le respondí con calma. -Es el mejor sitio de toda la terraza, pega el sol y viene la brisa. -Si queréis os dejamos el sitio.-Intervino Rosa al no querer problemas con nadie. -Ah, no querida, habéis llegado primero, las tumbonas no tienen nombre. Resultó ser un matrimonio encantador, se tumbaron prácticamente a nuestro lado, estuvimos charlando con ellos durante un par de horas tumbados al sol. El se llamaba Raúl, de cincuenta y nueve años y su mujer Carlota, dos años más joven. Raúl era dentista y Carlota veterinaria, nos contaron que iban todos los años allí y resulta que eran de Asturias, de no muy lejos de casa. Yo me fijé en Carlota, era muy guapa, la verdad, no era excesivamente alta y le sobraba algún kilo, pero estaba muy bien, tenía un bonito tatuaje tribal en la base se la espalda, fruto de una moda pasada, tenía un culo enorme y yo hubiera jurado que esas pedazo de tetas que tenía eran operadas, ella y Rosa hicieron migas rápido y estaban charlando todo el rato. -¿Y vosotros sois…? -Si, somos pareja y estamos aquí de vacaciones. -Ajam…- Carlota se había fijado en la marca del anillo de ...
... Rosa. -Si, somos pareja, pero mi marido está en casa. Vi que la polla de Raúl se había despegado levemente del muslo, suponía que estaría imaginándose cosas. Después, ya cuando cogimos confianza ellos nos dijeron que solían subir a la terraza a descansar, pero que era mejor ir a ciertas playas, que había más intimidad, nos indicaron con el móvil a cuales solían ir para estar más… tranquilos. Agradecimos todas las indicaciones y cuando el sol empezó a bajar nos retiramos. A la noche nos duchamos juntos, bajamos a cenar, echamos un polvo tranquilito y nos dormimos. A la mañana siguiente decidimos que una de las playas que nos habían indicado estaba a media hora de paseo desde el hotel, así que preparamos una mochila, bajamos a desayunar y después nos fuimos caminando de la mano por la calle en dirección a la playa, era temprano, así que lo único que se oía era el sonido de nuestras chanclas. Llegamos al sitio indicado, era un lugar precioso, arena blanca y brillante agua azul, según llegamos al sitio yo me quité la camiseta y Rosa el vestido, yo me quedé en bermudas y ella en bikini (por fin se había puesto uno). Fuimos andando por la arena, la verdad era que no había nadie, consideramos que quizá era muy pronto, pero tampoco necesitábamos mucho más. Nos dirigimos al otro extremo de la playa, había un par de dunas de separación, ya estábamos como la última vez, no nos veían y no veíamos a nadie, allí extendimos la enorme toalla de Rosa, clavé la sombrilla y nos ...