1. Un viejo verde y yo sola en la piscina (3)


    Fecha: 04/11/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Silvana, Fuente: CuentoRelatos

    Y las conclusiones van llegando a mi cabeza. Y quiero que sepa que reconozco que sus hipótesis son ciertas.
    
    —Llevas razón, vecino. En todo. Volví a la piscina para que me siguieras mirando las tetas. Y cuando subiste me fastidió. Y también es verdad lo de antes. Te vi mirarme el culo y tocarte mientras lo hacías. Me gustó hacerte sentir así y no quise estropearlo…
    
    Permanece callado, sabiendo que no acabaré aquí. Por lo que sigo pensando. Y sigo hablando mientras su mano aún sujeta mi barbilla.
    
    —Y ahora supongo que… quiero decir, te apetecía que trajera el top, pero, en realidad, lo que quieres es que me lo quite, ¿verdad? Quieres que la mujer de Pablo te enseñe las tetas, ¿no es así?
    
    Me doy cuenta de que yo estoy deseándolo. Desde que me miró así en la piscina, en el fondo, pienso que deseaba que no hubiera tela entre sus ojos y mis pezones (en realidad esto no es así, pero en ese momento me lo parece), no sólo porque me diera pena que el pobre hubiera sido abandonado y tuviera que conformarse con el porno para ver tetas. En realidad deseaba que este hombre las viera. Deseaba complacerle con eso… De hecho, tan caliente estaba que tenía que dar un paso más.
    
    —En realidad, supongo que no sólo quieres que te enseñe las tetas… supongo que quieres que la mujer de Pablo te lo pida, te suplique enseñártelas… Porque, joder… yo… yo estoy deseando enseñártelas… supongo que llevas razón… no estoy acostumbrada a estar frente a un hombre de verdad y ahora que lo estoy… ...
    ... pues me gustaría…
    
    Me paro y lo miro fijamente.
    
    —Señor, ¿me permite enseñarle las tetas?
    
    Y respiro hondo mientras no dejo de mirarlo… ya está. Ya lo ha logrado. Le estoy pidiendo quedarme en tetas. Y es bastante obvio que la distancia entre ¿puedo enseñarte las tetas? y dejar que me las toque es ínfima. Sobre todo teniendo en cuenta que antes no le dejé. Joder seguro que en nada tengo sus manos cubriéndolas… Y claro… la distancia entre ¿puedo enseñarte las tetas? y quítame el short y el tanga…
    
    Y claro, luego la distancia entre eso y “buf, al fin, qué ganas tenía de follarte”…
    
    Lo miro fijamente. Pone una sonrisa lasciva, tal vez de alegría por tener a la mujer de Pablo suplicándole enseñarle las tetas, tal vez porque él también sigue el hilo de mis razonamientos y sabe que queda poco para estar entre mis piernas.
    
    —Claro que te lo permito Silvia.
    
    Se retira y aparta mierda del sofá, incluido mi pijama y sus calzoncillos sucios, y se sienta en él. Se enciende un cigarrillo, coge una botella de ginebra y se prepara para deleitarse con lo que voy a hacer.
    
    —Este modelito nunca te lo he visto con el gilipollas de Pablo. —Dice riendo.— Menudo maricón, no sabe cómo hay que tratarte. Bueno vamos a ver, que es lo que tienes ahí debajo vecina.
    
    Me entra un poco de pánico, pero ya no hay vuelta atrás. Respirando nerviosa, me quito el top y me quedo quieta, tratando de disfrutar el momento… de disfrutar por complacerle. Estoy en tetas frente a él.
    
    —No vecino, Pablo ...
«1234...7»