1. El turno compartido La policía


    Fecha: 05/11/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Fetichismo Sexo con Maduras Autor: FYL07, Fuente: SexoSinTabues30

    ... subía y bajaba con desesperación contenida.
    
    Me acerqué, apenas. No la toqué. Solo dejé que sintiera el calor de mi aliento cerca.
    
    —¿Sabes qué te haría ahora mismo?
    
    Ella asintió muy despacio, con la boca entreabierta, temblando.
    
    —Primero te bajaría el calzón con mis dientes. Despacio, oliéndolo. Lo mordería un poco si está muy húmedo. Luego abriría tus piernas más, solo con mis manos, sin pedir permiso. Te miraría directo, sin vergüenza, y respiraría todo…todo tu olor. Sudor. Flujo. Axilas. Cadera. Tu cruda.
    
    Ella se movió en la silla, como si no pudiera más. Cerró los ojos.
    
    —Después… pasaría la yema de mis dedos apenas rozando tus labios mojados. No adentro. Solo por fuera. Como si te dibujara. Después subiría hasta tus caderas… lamería ahí, donde se pega el calzón. Donde huele fuerte. Donde duele de tanto deseo contenido.
    
    Ella jadeó muy bajito. Estaba deshecha, vulnerable, mojada.
    
    Entonces acerqué un solo dedo, y con la yema toqué su muslo, apenas. Lo pasé lento, dejando una línea sobre el sudor. Subí un poco más… me detuve antes de llegar.
    
    —¿Y sabes qué más?
    
    Ella abrió los ojos, desesperada.
    
    —No lo voy a hacer todavía —le dije—. Hoy no. Te voy a dejar así, caliente. Mojada. Porque mañana… mañana vas a venir igual.
    
    Me acerqué al oído. Mi voz fue un susurro firme:
    
    —No te bañes. No te laves. No te pongas desodorante. Quiero olerlo todo. Tu cuerpo, tu ropa, tus pies, tu entrepierna… como esté. Porque así es como me vuelves loco.
    
    Ella se ...
    ... mordió los labios, temblando. Se quedó ahí, mojada, abandonada al deseo, sin alivio. Y yo me alejé, sabiendo que la próxima noche… no habría retorno.
    
    Esa noche, Patricia entró más callada que nunca. Misma ropa. Mismo sudor. El cabello atado con descuido. Las axilas marcadas, oscuras, húmedas. Se sentó sin decir una palabra. Pero al pasar junto a mí,el olor a ella llenó la oficina: a cuerpo sin lavar, a piel viva, a flujo seco en su ropa interior.
    
    Yo la miré en silencio. Sabía que lo había hecho. Que no se había bañado. Que venía como se lo pedí. Pero no le dije nada. Quería que fuera ella quien lo soltara, como la vez anterior.
    
    Pasaron varios minutos. Luego, con la voz bajita, sin mirarme de frente, lo dijo:
    
    —No me bañé. Me vine directo. Como me dijiste… sin desodorante… sin cambiarme el calzón.
    
    Le temblaba la voz. Tenía las manos enredadas entre sus piernas. Se movía inquieta en la silla, como si su cuerpo se encendiera por dentro y le costara sostenerlo.
    
    —No sé por qué lo hago… pero no puedo dejar de pensar en cómo me ves. En cómo me hueles. Y lo peor es que… me gusta.
    
    Volteé a verla. No hablaba como alguien segura. Lo hacía como quienconfiesa algo que la daña y la excita al mismo tiempo.
    
    —Me gusta que seas así… —continuó—. Que no te dé pena nada. Que seas sucio. Que me digas lo que piensas. Que no me digas que me bañe… que no me critiques por sudar o por no depilarme. No estoy acostumbrada.
    
    Bajó la mirada.
    
    —Con mi esposo nunca hablo de esto. ...
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