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Sudor, Hormonas... y Marcos
Fecha: 06/11/2026, Categorías: Gays Autor: internauta, Fuente: TodoRelatos
... tiburón. —¿Tú eres el nuevo? —preguntó—. ¿Marcos, no? Asentí, nervioso, tragando saliva. —Pues mira, chaval —me dijo mirándome a los ojos, tan cerca que sentía su olor varonil—. Aquí no nos gustan los flojitos, ¿vale? Aquí se entrena con huevos, ¿entiendes? —Sí… —respondí en voz baja. —Te veo muy blandito, eh —soltó, y se giró a los demás—. ¿Lo habéis visto? Parece que se va a poner a llorar, tío —dijo riéndose con esos hombros que parecían de piedra. Uno de los opositores, Javi, se atrevió a darme un azote en el culo. Fuerte. Me hizo temblar todo. —¡Eh! —protesté, sin convicción. —Relájate, marica —saltó Raúl, el moreno altísimo—. Aquí vas a chupar sudor y hierro, y si te mola otra cosa, ya nos lo dirás —remató con una carcajada. Me hirvió la cara, la polla se me hinchó otra vez sin poderlo evitar. Diego me caló al momento. —¿Qué pasa? —preguntó Diego bajito, solo para que yo lo oyera—. ¿Te pone que te llamen maricón? Me quedé tieso, sin poder responder. —Venga, fuera, que aquí no venimos a llorar —me dijo Diego con un empujón en el hombro, marcando su autoridad—. Empieza a calentar. Y a ver si demuestras que sirves para algo más que mirar rabos, ¿vale? Se dieron la vuelta, riéndose, con esas mallas marcando las vergas y los bíceps llenos de venas. Yo fui a la elíptica, encogido, intentando pensar en otra cosa… pero solo veía sus cuerpos, sus insultos, sus risas. Y cada vez me dolía más la polla de dura. En el vestuario, ...
... media hora después, coincidí con ellos otra vez. Me quise cambiar rápido, pero ya me estaban mirando. El rubio, Samuel, me señaló la polla marcada en mis calzoncillos: —Mira, mira… se le pone dura al nenaza, ¿eh? —Joder —soltó David—, este tiene ganas de leche ya el primer día, tú. Me morí de vergüenza. Intenté taparme, pero fue peor. Raúl se me acercó y me dijo en la oreja, bajito y asqueroso: —Si te mola la polla, dilo, maricona. Aquí todos llevamos pollón. Te vas a hartar de verla. Me estremecí, un escalofrío me recorrió la espalda. Ellos empezaron a cambiarse sin pudor, enseñando pectorales perfectos, bíceps hinchados, rabo medio caído pero impresionante. Diego entró después, con esa seguridad chulesca, y vio el panorama. —¿Este todavía no confiesa nada? —preguntó con tono de burla. —Aún no, bro —dijo Javi—. Pero se le nota, mírale la cara, está pidiendo rabo. Todos rieron. Mi polla casi reventó de dura. —Bueno, nene —me soltó Diego, mirándome fijo—. Aquí no escondemos nada. Si quieres tragarte pollas, dilo ya. Nadie te va a parar. Me tembló la voz. —No… no sé de qué habláis —conseguí decir, rojo como un tomate. —Claro —rió Diego—. Venga, a tu casa, que mañana quiero verte dándolo todo en dominadas. Y sin hacerte la princesita. Aquí se entrena como hombres. Se fue acomodándose el paquetón enorme dentro del pantalón, moviendo las pelotas con toda la calma, mirándome con cara de saber que me había dejado empapado de ganas.