1. Buscando dinero para la universidad de mi hijo


    Fecha: 07/11/2026, Categorías: No Consentido Autor: Carmenmena80, Fuente: TodoRelatos

    Toda buena historia comienza con sacrificios y amor, y mi historia no es la excepción.
    
    Mi amor más grande es mi hijo, quien tiene 22 años y está estudiando en una universidad privada con el sueño de convertirse en abogado. Mi nombre es Carmen y tengo 39 años. Soy la responsable de un hogar que he construido sola, ya que me divorcié de su padre cuando él tenía solo 2 años. La vida no ha sido fácil, pero como madre, he enfrentado las dificultades con fortaleza y determinación, siempre buscando lo mejor para él. Con mi hijo siempre he tenido una relación muy cercana. Nos gusta salir juntos a comer, ir al parque, ver partidos de fútbol o, incluso, viajar. Él se llama Luis y lo amo con todo mi corazón.
    
    Soy contadora en una empresa de transporte en mi ciudad. A lo largo de los años, la vida no me ha tratado mal; gracias a mi trabajo y a mi salario, he podido comprar una casa y cubrir los estudios de mi hijo. Logré pagar la mitad de la casa, pero todo cambió con la pandemia, que nos afectó a muchos y nos dejó en una situación difícil. La empresa donde trabajaba cerró sus puertas y despidieron a todos. Me encontré buscando trabajo por todas partes, pero sin éxito. Cada mes mis ahorros se agotaban hasta quedar vacía la cuenta. A pesar de todo, siempre traté de mantener una actitud positiva.
    
    Fue entonces cuando una amiga me ayudó a conseguir trabajo en una plantación de f lores. Sin embargo, los gastos seguían siendo altos: las cuotas del banco y los pagos de la universidad ...
    ... se duplicaban. Mantuve todo en secreto para que mi hijo no se enterara. Él seguía con su rutina diaria, ajeno a la situación. El banco me llamaba todos los días, y cada vez me asustaba más al ver que pasaban seis meses de atraso. Un día, recibí una carta en la que me informaban que tenía un juicio por embargo. Mi casa estaba hipotecada, y en ese momento sentí que mi mundo se venía abajo.
    
    Mientras tanto, mi hijo comenzó el cuarto semestre de su carrera universitaria. Alquilamos un departamento en otra ciudad, ya que estudia en Ambato, y yo me quedé sola en Latacunga. A pesar de la distancia, no pasaba un día sin que me escribiera por WhatsApp, y siempre recibía su llamada por la noche. Esos fueron los momentos más felices para mí. La audiencia sobre la hipoteca comenzó, y me dieron dos meses para poner al día las cuotas. Si no lo lograba, tendría que buscar un departamento y dejar mi querido hogar. Mi amiga siempre ha sido mi gran apoyo, mi confidente, y la persona con quien comparto mis penas y preocupaciones de los últimos meses. Al salir del trabajo, solíamos caminar juntas hacia nuestras casas, ya que vivíamos cerca.
    
    Un día, mientras caminábamos, me dijo: —Carmencita, te veo mal desde hace días. Si necesitas dinero, tengo un amigo que puede ayudarte. Te voy a mandar su contacto, ¿te parece? Dudé mucho en ese momento. Esa noche, después de la videollamada con mi hijo y de ponerme al día con las tareas del día, decidí escribirle al amigo de Lorena. Estaba muy nerviosa, ...
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