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Capítulo 1: El primer mensaje que no se olvida
Fecha: 05/04/2026, Categorías: Primera Vez Tus Relatos Autor: brendapatylu, Fuente: RelatosEroticos-Gratis
Orizaba, Veracruz. Octubre de 2011. El timbre de salida aún resonaba por los pasillos del CPO cuando Dante cerró la puerta del salón de Computación. El aire olía a tiza, a piso recién trapeado y al leve perfume de las alumnas que acababan de salir. Afuera, el sol de la tarde caía tibio sobre los patios de la escuela, pero dentro del aula solo quedaba una alumna. Brenda estaba sentada en la segunda fila, recogiendo sus cosas con esa lentitud tímida que él ya conocía de memoria. Camisa blanca del uniforme impecable, suéter café con las rayas naranja y blanco en las mangas, falda gris a cuadros que le llegaba justo por encima de la rodilla. El cabello negro le caía suelto sobre los hombros, y cuando levantó la mirada hacia él, sus mejillas ya tenían ese tono rosado que Dante tanto disfrutaba provocar. —Brenda… ¿puedes quedarte un momento? —preguntó con voz calmada, profesional—. Quiero revisar tu último trabajo de Word. Hay algo que no me cuadra. Ella asintió sin decir nada, bajando inmediatamente la vista al cuaderno que tenía entre las manos. El corazón le latía tan fuerte que estaba segura de que él podía escucharlo. Dante se acercó despacio, rodeando los pupitres hasta quedar frente a ella. Era alto, de hombros anchos, y la camisa a cuadros que llevaba debajo del chaleco beige se ajustaba lo suficiente para marcar la forma de su pecho. Veinte años los separaban. Veinte años que él sabía usar muy bien. Se sentó en la orilla del escritorio, justo frente a ...
... ella, y abrió la carpeta con sus trabajos. Pero no miró el papel. Miró sus labios. —Has mejorado mucho —dijo en voz baja—. Tus márgenes están perfectos… y tus letras son muy bonitas. Se nota que pones atención. Brenda se mordió el labio inferior sin darse cuenta. Era un gesto inocente, pero a Dante le recorrió un calor directo al estómago. —Gracias, maestro… —susurró ella, casi sin voz. Él sonrió apenas, esa sonrisa lenta y segura que ya había usado con ella por teléfono las últimas semanas. Porque sí… todo había empezado con llamadas y mensajes de texto. Al principio eran cosas del colegio: “Brenda, ¿me puedes pasar el archivo de tu equipo por favor?” Luego se volvieron más personales. “¿Cómo te fue en el examen de Matemáticas?” “¿Ya cenaste?” “No duermas tan tarde, mañana hay clase.” Mensajes cortos, inocentes para cualquiera que los leyera. Pero entre líneas había algo más. Algo que solo ellos dos entendían. Dante sacó su Nokia 3310 del bolsillo del chaleco y lo dejó sobre el escritorio, como si nada. —Anoche te mandé un mensaje… ¿lo leíste? —preguntó, fingiendo revisar el trabajo. Brenda se sonrojó más fuerte. Sí lo había leído. Varias veces. “Me gusta cuando te concentras en clase. Se te hace esa carita… como si estuvieras pensando en algo bonito. Cuídate al volver a casa. D.” Ella solo asintió, sin atreverse a mirarlo. —Te contesté… —murmuró. —Lo sé —dijo él, bajando un poco más la voz—. Me gustó tu respuesta. El silencio se hizo denso. ...