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Capítulo 1: El primer mensaje que no se olvida
Fecha: 05/04/2026, Categorías: Primera Vez Tus Relatos Autor: brendapatylu, Fuente: RelatosEroticos-Gratis
... Dante extendió la mano y, con dos dedos, levantó suavemente el mentón de Brenda para que lo mirara. Ella tembló. —No tengas miedo —susurró—. Aquí nadie nos ve. Solo estamos tú y yo… como en los mensajes. Su pulgar rozó apenas el labio inferior de ella. Brenda abrió ligeramente la boca, sorprendida, pero no se apartó. Sus ojos grandes y oscuros estaban llenos de nerviosismo y de algo más… algo que ella misma no entendía todavía. —Eres muy bonita, Brenda —continuó Dante, sin soltarle el mentón—. Más de lo que crees. Y yo… yo pienso mucho en ti. Más de lo que debería un maestro. Ella tragó saliva. Su respiración se había vuelto rápida y superficial. —No… no sé qué decir, maestro… —No digas nada —respondió él con una sonrisa suave—. Solo déjame mirarte un rato más. ¿Sí? Brenda bajó la mirada, pero no apartó la cara. Dante aprovechó ese segundo de rendición para inclinarse un poco más. Su aliento cálido rozó la oreja de ella cuando habló: —Mañana, después de la última hora… te espero aquí otra vez. Solo unos minutos. Nadie tiene que saber. ¿Quieres? Ella tardó ...
... tres segundos eternos en responder. Finalmente, con una voz tan bajita que casi se perdió en el silencio del salón, susurró: —…Sí. Dante sintió una oleada de triunfo. Sabía exactamente lo que quería: tenerla. Despacio. Hacer que esa chica tímida e inocente se abriera para él como una flor que nadie había tocado antes. Pero sabía que tenía que ir paso a paso. Sin prisa. Sin sospechas. Se apartó con lentitud, como si nada hubiera pasado, y guardó el teléfono en el bolsillo. —Bien —dijo con su tono normal de maestro—. Puedes irte. Nos vemos mañana. Brenda se levantó, recogió su mochila con manos temblorosas y caminó hacia la puerta. Antes de salir, se detuvo un segundo y volteó a mirarlo. Dante estaba sentado en el escritorio, mirándola con esa misma sonrisa tranquila. —Que descanses, Brenda —dijo. Ella solo asintió, sonrojada hasta las orejas, y cerró la puerta detrás de sí. Cuando se quedó solo, Dante soltó el aire lentamente y sonrió con más fuerza. El juego apenas comenzaba. Y Brenda Patricia no tenía ni la menor idea de hasta dónde la iba a llevar.