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Capítulo 2: El mensaje que lo cambió todo
Fecha: 05/04/2026, Categorías: Primera Vez Tus Relatos Autor: brendapatylu, Fuente: RelatosEroticos-Gratis
... un beso suave, apenas un roce, pero suficiente para que ella contuviera la respiración. Sus labios eran cálidos y firmes. Brenda se quedó quieta, sin saber qué hacer con las manos. Dante se separó solo unos centímetros y sonrió. —¿Ves? No fue tan malo —murmuró. Antes de que ella pudiera responder, él volvió a besarla, esta vez un poco más profundo. Su mano derecha bajó lentamente por el brazo de Brenda hasta llegar a su muslo. Con delicadeza, pero con firmeza, colocó la palma abierta sobre su pierna, justo por encima de la rodilla, sintiendo el calor de su piel a través de la media fina. Brenda tembló. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Nunca la habían tocado así. Su mente se llenó de pánico inocente y de una extraña calidez que subía por su vientre. —Maestro… —susurró contra sus labios, con la voz entrecortada. —Shhh… solo relájate —respondió él en voz muy baja, sin quitar la mano de su pierna—. Nadie lo va a saber. Solo quiero sentirte un poco. Eres tan suave… Su pulgar acarició en círculos lentos la parte interna de su muslo, subiendo apenas un par de centímetros ...
... por debajo del borde de la falda. No fue más lejos. No todavía. Dante sabía que tenía que ir despacio. Quería que ella se acostumbrara a su toque, que empezara a desearlo sin darse cuenta. El beso se volvió más largo. Brenda, aunque nerviosa, no se apartó. Sus labios empezaron a responder tímidamente al de él, imitando lo que sentía. Dante sonrió contra su boca al notarlo. Cuando finalmente se separaron, él dejó la mano unos segundos más en su pierna, apretando suavemente antes de retirarla. —Eres perfecta, Brenda —le dijo mirándola a los ojos—. Mañana te espero otra vez. ¿Sí? Ella, con los labios hinchados y las mejillas rojas como tomate, solo pudo asentir con la cabeza, sin encontrar palabras. Dante le dio un último beso corto en la frente. —Anda, ve a tu casa antes de que se haga tarde. Y esta noche… mándame un mensaje cuando estés en la cama. Quiero saber que estás pensando en mí. Brenda salió del salón con las piernas temblando y el corazón latiéndole en la garganta. No entendía del todo lo que estaba pasando, pero una cosa sí sabía: Ya no podía dejar de pensar en él.