1. Las Vacaciones Prohibidas 1


    Fecha: 24/06/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: davdilopez7207, Fuente: RelatosEroticos-Gratis

    **CAPÍTULO 1: Arena y pecado**
    
    **POV: LAURA**
    
    El sol del Pacífico nos caía encima como una bendición y una maldición al mismo tiempo.
    
    Habíamos rentado una casa enorme frente a la playa en Puerto Vallarta. Solo nosotros seis: Daniel y yo, Mateo y Sofía, y las dos niñas. Valeria y Camila no paraban de reír y tomarse fotos mientras corrían hacia el mar con sus bikinis diminutos. Parecían dos putitas felices sin saber el infierno que sus cuerpos estaban provocando.
    
    Yo estaba sentada bajo la sombrilla, con un libro que no estaba leyendo, observando todo.
    
    Y sobre todo, observando a **él**.
    
    Daniel estaba recostado en una tumbona, con lentes de sol negros, pero yo conocía demasiado bien a mi marido. Sabía perfectamente dónde tenía clavada la mirada.
    
    Valeria salió del agua corriendo. El bikini blanco que traía era casi transparente cuando se mojaba. Se le marcaban los pezones oscuros y el borde de su coño se notaba perfectamente bajo la tela. El agua le corría por las tetas firmes, por el vientre plano y se perdía entre sus piernas largas y bronceadas. Sacudió el cabello negro largo y rio con esa inocencia peligrosa que siempre había tenido.
    
    Daniel no se movió. Pero vi cómo su mano apretó con fuerza el brazo de la tumbona. Su mandíbula se tensó. Su verga, esa verga gruesa que yo conocía tan bien, se marcó claramente dentro de su bañador negro.
    
    Tragué saliva.
    
    A mi lado, Sofía soltó una risita baja, como si también lo hubiera notado.
    
    —Mira cómo la está ...
    ... comiendo tu marido —murmuró solo para mí, lamiéndose los labios—. Parece que quiere arrancarle ese bikini con los dientes.
    
    No le contesté. Me levanté de golpe, sintiendo un calor insoportable entre las piernas.
    
    —Voy al cuarto por protector solar —mentí con voz ronca—. Se me olvidó.
    
    Caminé por la arena caliente hasta la casa, subí las escaleras y me encerré en la habitación principal. Cerré la puerta con llave, me quité el pareo de un tirón y me tiré en la cama king size.
    
    Tenía la respiración agitada.
    
    Cerré los ojos y la imagen regresó de inmediato: Daniel mirando el cuerpo de nuestra hija. Esa mirada oscura, posesiva, casi animal. La misma mirada que me ponía a mí cuando quería destruirme.
    
    Me metí la mano dentro de la parte de abajo del bikini. Estaba empapada. Mucho más de lo que el calor justificaba.
    
    —Dios mío… estoy enferma —susurré mientras empezaba a tocarme el clítoris hinchado.
    
    Pero no me detuve.
    
    Empecé a frotarme con más fuerza, imaginando la escena más prohibida que mi mente podía crear.
    
    Daniel agarrando a Valeria en la playa, de noche, cuando todos estuvieran dormidos. Arrancándole el bikini blanco. Poniéndola a cuatro patas sobre la arena mientras ella lo miraba con miedo y excitación.
    
    —Papi… por favor… —gemí en voz baja, metiéndome dos dedos en el coño mientras imaginaba la voz de mi propia hija.
    
    En mi mente, Daniel le metía esa verga gruesa y venosa que yo tanto amaba, abriéndole el coño virgen a nuestra hija de diecinueve años. ...
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