-
mama 2
Fecha: 20/10/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: lliwo, Fuente: RelatosEroticos-Gratis
Soy Marta. Madre joven, divorciada, con un hijo de dieciocho años que ya no es un niño. Todavía me miro al espejo y me gusto. El cuerpo se me mantiene firme, las tetas pesadas, la cintura estrecha, el coño todavía apretado cuando quiero. No estoy dispuesta a renunciar al sexo solo porque me divorcié. Busco pareja… pero también me follo a amigos cuando me apetece. He subido a varios tíos a casa. No siempre he cerrado bien la puerta. No siempre he bajado la voz. Una noche del mes pasado lo cruzamos todo. Estábamos en el sofá del salón. Las luces bajas. Él me besaba con lengua y yo ya le tenía la mano metida dentro del pantalón, masturbándole la polla gruesa y caliente. Me arrodillé entre sus piernas sin que me lo pidiera. Le saqué la polla, la escupí y me la metí entera en la boca, hasta que la punta me golpeó la garganta. Babeaba. Se me escapaban hilos de saliva por la comisura mientras le miraba a los ojos y le chupaba con ganas, con ruido, como una puta. Cuando ya no aguanté más me subí encima, me aparté las bragas hacia un lado y me la empalé de un solo golpe. Empecé a cabalgarlo fuerte, abriendo las piernas todo lo que podía, dejando que se viera cómo su polla entraba y salía brillante de mi coño. Fue entonces cuando lo vi. Dani estaba en el pasillo. Inmóvil. La sombra de su cuerpo recortada contra la penumbra. No se escondió. No se fue. Solo miraba. Y en lugar de frenarme, me corrí más fuerte. Apreté las uñas en los hombros de mi amigo y me vine sabiendo que mi hijo ...
... me estaba viendo follar como una zorra en el sofá de casa. El tío ni se enteró. Yo sí. Y desde esa noche todo cambió. Me ha pasado varias veces. Sé que me mira desde el pasillo. Sé que se queda ahí, duro, respirando por la boca, viéndome chupar pollas o sentarme encima de ellas. Y él sabe que yo sé que me mira. Ya no hay inocencia posible entre nosotros. Ahora está insoportable. Solo quiere abrazos que duran demasiado. Luchas estúpidas que se inventa para tirarme al sofá y ponerme debajo. Se me echa encima con todo el peso, me inmoviliza las muñecas “jugando” y aprovecha para frotarme la polla dura contra el muslo, contra el culo, contra el coño por encima de la ropa. Yo me hago la despistada. Pero lo noto todo. El calor. La dureza. El temblor de sus manos cuando me toca “sin querer”. Y lo peor es que a mí también me gusta. Me gusta saber que mi hijo se pone como una bestia solo de oler mi perfume o de ver mis tetas en la bata de por la mañana. El otro día estábamos en su cuarto. Otra vez la misma el forcejeo. Me tenía semi-inmovilizada contra el colchón, su polla marcada y caliente presionando entre mis piernas. De pronto me detuve. Lo miré a los ojos y le hablé clarito, con esa voz baja de madre que todavía manda: —Cariño… ¿qué quieres realmente? No voy a follar con mi hijo. No te enfades, cielo. Eso no lo vamos a hacer. Él se quedó callado, jadeando, los ojos oscuros, la polla palpitándole debajo del pantalón. Me incorporé un poco, me senté en el borde de su cama y ...