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mama 2
Fecha: 20/10/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: lliwo, Fuente: RelatosEroticos-Gratis
... abrí las piernas despacio, dejando que la falda se subiera. Lo miré fijamente, sin sonreír. —Pero si de verdad lo necesitas… te dejo tocarme. Puedes tocarme los muslos todo lo que quieras. Puedes meterme la mano debajo de la ropa y tocarme el coño por encima de las bragas. Y si quieres, te sacas esa polla que se te marca tanto y te la masturbas delante de mí mientras me tocas. Hasta ahí puedo llegar. Ni un centímetro más. Dani no dijo nada. Se arrodilló entre mis piernas como si le hubiera dado permiso para rezar. Me subió la falda con las dos manos y me metió los dedos debajo, buscando el calor. Encontró mis bragas ya empapadas. Las presionó con los dedos abiertos, palpando la forma de mis labios hinchados a través de la tela mojada. Yo abrí más las piernas, ofreciéndole todo el acceso. Al mismo tiempo se bajó el pantalón y el boxer de un tirón. Su polla saltó fuera, gruesa, venosa, ya brillante en la punta de lo caliente que estaba. La agarró con la mano libre y empezó a masturbarse con movimientos lentos y pesados mientras me frotaba el coño por encima de las bragas con la otra. El sonido era obsceno. El de sus dedos resbalando contra la tela empapada. El de su mano subiendo y bajando por su polla, mojada de precum. Me miraba a la cara mientras lo hacía, ...
... sin vergüenza, como si quisiera que viera lo mucho que le gustaba manosearme el coño de mamá. Yo solo respiraba agitada, abriendo un poco más las piernas cada vez que su pulgar encontraba mi clítoris a través de la tela. —Así… —susurré—. Tócame el coño mientras te la tocas. Frótamelae . Quiero oír cómo te la meneas por tocarme las bragas… Él apretó más. Me separó un poco los labios con los dedos por encima de la tela y frotó en círculos justos donde más me dolía de ganas. Su polla hacía ruidos húmedos en su puño. Estaba tan duro que la piel se le había puesto casi morada en la cabeza. Me corrí así. Sin que me metiera ni un dedo dentro. Solo con la presión de su mano grande contra en mis bragas empapadas y la imagen de mi hijo masturbándose a dos palmos de mi coño. Me temblaron las piernas. Se me escapó un gemido ahogado. Él lo notó. Apretó más rápido, frotándome el clítoris hinchado a través de la tela mientras se corría él también, chorros espesos y calientes saliendo a presión sobre el suelo y sobre sus propios dedos. Los dos nos quedamos callados después. Solo se oía nuestra respiración. Yo cerré las piernas despacio, todavía con su mano atrapada entre ellas, y le acaricié el pelo con dedos temblorosos. —Hasta aquí, cariño… —susurré—. Por hoy, hasta aquí.