1. El otro cartero de Neruda


    Fecha: 23/10/2018, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... pesar de haberlo intentado de muchas maneras no parecía que pudiera poseer aquella rubia cuarentona. Al menos mi confianza había ido aumentando hasta el punto de haber entrado en su casa en varias ocasiones. Su casa era grande y en la parte de abajo había un bar en el que siempre había mucha gente. En el lateral había una puerta que siempre estaba abierta y que daba acceso a la parte posterior del bar y a unas escaleras por las que se accedía a la vivienda. Durante unos días el timbre se había estropeado y Pilar me pidió de favor que accediera por la puerta lateral y subiera hasta su casa. Yo como buen cartero que soy accedí y por fin llegó mi oportunidad. Coincidió cierto día de calor que llevaba un envío certificado para su hija y al pasar por el bar pude comprobar como su marido estaba echando la partidita de cartas con su comandilla de todos los días. La vida de prejubilado es lo que tiene, dedicas más tiempo a tus amiguetes y menos a tu mujer. Es ahí donde un cartero tiene que cumplir con el buen servicio, tanto postal como sexual. Podría haber entregado el envío a su marido pero preferí subir por la puerta lateral suspirando poder recrear la vista nuevamente sobre su poderoso escote. Pero como la vida te da sorpresas la de aquel día aún hace que mi polla se despierte e intente salirse del calzoncillo. Subía los escalones y al llegar a la entrada vi como Pilar se encontraba completamente desnuda tomando el sol en la terraza con unas gafas de sol y aparentemente ...
    ... dormida. Mi corazón empezó a latir fuertemente, parecía que quería salirse de mi pecho. Notaba como me había puesto colorado en segundos fascinado por aquel cuerpo bronceado por el temprano sol de Junio. Sus enormes pechos estaban adornados por unos pezones pequeñitos para aquel tamaño de seno. El pubis estaba poblado de pelo pero se intuía una forma triangular que estaba un poco desarreglada probablemente porque ya tocaba una buena sesión de peluquería previa al polvo marital del sábado. Estaba completamente inmóvil, petrificado y sin saber que hacer. Mi cuerpo me decía que me lanzara sobre aquella hembra como un perro en celo pero mi cabeza me decía que debía retroceder y hacer algún tipo de sonido para que ella se vistiera un pareo. En medio de esa difícil decisión y debido a mi natural torpeza, el sonoro ruido de una maceta rodando por el suelo rompió el hielo de aquella estampa tan películera. Pilar se despertó de su plácido sueño y se incorporó sobre la hamaca. Yo estaba avergonzado tratando de recoger los pedazos de la maceta mientras ella se levantó de manera natural y sin prisa ninguna lo primero que hizo fue ponerse unas chancletas que tenía a su lado y luego un pareo que transparentaba y realzaba la belleza de su desnudez. Tomamos esa fría cervecita, le comenté que tenía una buena terraza para tomar el sol y que si fuera su marido no estaría abajo echando la partidita sino disfrutando de su bonito cuerpo. Ella me dijo que hacía tiempo que no hacían vida marital y fue ahí ...
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