1. Un fin de semana multiorgásmico


    Fecha: 28/11/2018, Categorías: Erotismo y Amor, Autor: Norah, Fuente: CuentoRelatos

    Miles de personas saltaban y cantaban a la misma vez en el recital. Había llegado con un grupo de amigas pero la ola de gente nos separó. No era la primera vez que nos pasaba así que decidimos poner un punto de encuentro al finalizar el toque. Era verano, febrero, una noche súper calurosa y linda, de esas para quedarse tirado en el pasto mirando las estrellas y conversando largo y tendido. El recital al aire libre en un gran parque y miles de adolescentes extasiados cantando a los gritos y sin mirar a quien tenían al lado: me sentía libre. Con 26 años hacía ya varios que no iba a un toque pero mis amigas me habían convencido. Hacía un año casi que me había caso y ese fin de semana mi marido estaba en un viaje de trabajo en Brasil. Estando allí el recuerdo me trasladó a los 20 años cuando me creía toda una mujer pero la realidad es que era bastante putita. Hoy lo reconozco y me divierte. En ese entonces no era de estar con un hombre a menos que me gustara muchísimo, pero tampoco me importaba mucho el qué dirán. Yo quería explorar, disfrutar, conocer mi cuerpo. Quería saberlo todo: cuáles eran mis zonas erógenas, de qué distintas maneras podía llegar al orgasmo… pero lo que más me gustaba era ver la cara de calentura de los hombres y por eso me vestía bastante atrevida. Esa noche llevaba una minifalda de jean que apenas me tapaba la cola. Debajo de ella iba una tanguita blanca de algodón: lo mejor de los dos mundos, putita pero inocente. Arriba una remerita ajustada que ... dejaba ver mucha piel. Nunca me caractericé por tener tetas grandes, pero las tenía duritas, firmes y siempre dispuestas. No llevaba corpiño y el roce de la tela mantenía mis pezones al cielo. Me sentía demasiado sensual, rockerita y sensual. En medio de la ola de gente sentía cómo algunas manos me tocaban la cintura o las piernas. Me dejaba y me encantaba. Me estaba poniendo a mil pensando en todos esos desconocidos poniendo sus manos sobre mí. Cerraba los ojos y seguía saltando. Pero una de las manos se detuvo demasiado tiempo en mi cintura, me rodeó el vientre y me acercó hacia su cuerpo. Era una mano grande y fuerte, pero no sentí miedo y me dejé llevar. Al ritmo de la música ese desconocido me fue amoldando a su cuerpo, podía sentir su erección abajo del pantalón deportivo que era muy suave. Entonces acercó su rostro a mi oído por atrás de mi nuca (su respiración me erizaba cada centímetro de la piel) y me dijo: -Nunca me imaginé que te encontraría acá Era él. Diego. Otra vez aparecía en mi vida para llenarla de lujuria. No nos veíamos desde diciembre y nuestros últimos encuentros habían sido tranquilos, tratando de aguantar las ganas de saltar uno sobre el otro. La realidad es que sentíamos una atracción que era una cuestión química. Hacíamos chispas juntos. Éramos peligrosos en la misma habitación. Pero en casi 10 años solamente una vez “desahogamos” esas ganas y ahora el destino nos ponía ante una segunda oportunidad. No le respondí nada y acerqué mi culito para pegarlo ...
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