1. Mi maravillosa ex-suegra


    Fecha: 05/12/2018, Categorías: Incesto, Sexo con Maduras, Autor: Kralik89, Fuente: CuentoRelatos

    Andrea fue sin dudas mi primera novia seria. Una belleza de adolescente. Refinada, esbelta, compañera y con un cuerpo de infarto que aún hoy conserva a pesar de sus maternidades. Teníamos 18 años cuando comenzamos nuestro noviazgo y con ella conocí por primera vez el sexo en forma periódica y con pasión. Como suele suceder con las primeras novias, aún hoy, a casi 20 años de haber terminado con ella, guardo de ella muy buenos recuerdos y la recibiría nuevamente junto a mí si ella lo quisiera. Pero, esta historia no trata de Andrea sino de Silvina, su madre. Silvina tenía 38 años contra mis 18. Estaba separada desde hacía casi una década cuando la conocí. Desde su divorcio había hecho un gran esfuerzo para mantener a sus tres hijos y podría decir que su vida era bastante sufrida. Pero eso no le había hecho mella a su cuerpo. Esbelta y alta, con piernas excepcionalmente torneadas. Pelo rubio y lacio cortado hasta los hombros, facciones de niña, senos apreciables y un culo que de solo verlo me mareaba de deseo. Era muy elegante. Sabía resaltar su belleza con cortas faldas, chombas ajustadas y finas sandalias de aguja. Muchísimas veces me masturbé en su honor y casi todos los polvos que su hija Andrea recibía de mi parte lo hacía en representación de su madre. Durante los 2 años que duró mi noviazgo con Andrea, mi enamoramiento con su madre llegó a ser una pasión enfermiza. Pero lo mejor de todo es que tenía la impresión de que yo no le era totalmente indiferente. De muchas ... formas, ella era más amiga mía que su propia hija. Siempre guardando las distancias de la edad, ella me demostraba cariño en forma un tanto más calurosa de lo que a mí me parecía debía ser. En ocasiones, yo llegaba a casa de Andrea antes de que ella regresara de la facultad y permanecía esperándola como un miembro más de la familia. Yo adoraba esos momentos porque me permitían disfrutar con libertad el placer de observar sus piernas sin temer que las miradas de mi novia pudiesen descubrirme. En una ocasión, ella me recibió muy ligera de ropas y no dejó de pasearse frente a mí, provocativamente enfundada en un baby doll semitransparente y calzada con sandalias de tacón. Tuve que morderme y solo pude desahogarme horas más tarde, en la soledad de mi cuarto cuando masajeándome la pija imaginaba que vencía mis escrúpulos y la tomaba por sorpresa a sus espaldas, acariciándole los senos y besando su cuello sin que ella opusiera resistencia hasta conseguir follármela salvajemente en su propia cama. Esa visión me persiguió muchísimo tiempo. Pero a los 20 años mi noviazgo se acabó. Andrea decidió dejarme por otro y durante todo el proceso de separación Silvina fue mi apoyo permanente y me consoló y aguantó hasta donde deber filial se lo permitió. Yo hice entonces un paso al costado y dejé de verlas a ambas. Silvina me había ayudado a superar mi duelo y le estaba agradecido. Pasó el tiempo. Yo me recibí y mi empleo en el cuerpo diplomático me hizo viajar por todo el mundo. Eventualmente y sin ...
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