1. Atracción fatal o amor prohibido (3): Algo más que sexo


    Fecha: 09/01/2019, Categorías: Incesto, Anal, Autor: Nazareno Cruz, Fuente: CuentoRelatos

    Esos fueron los antecedentes previos, luego resolvimos quedarnos esos en la casa de mi madre, esa noche la cerveza y la atracción de sus portentosas tetas fueron los condicionantes que vencieron todas las prevenciones éticas, los “hermanitos” tuvimos un desahogo emocional, el eufemismo de ella para convencerme de que el sexo fue lo mejor que nos pudo haber pasado. Luego la dinámica de las emociones fue cumpliendo sus etapas, en esta última noche tuvimos un apoteótico y delicioso sexo anal, completando con ello la coronación de la última casilla del juego de pasión, la noche previa a la despedida con un final a toda orquesta. Sobre esta parte es el presente relato. La atracción mutua fue algo que se dio por sí misma, sin proponerlo, mientras el padre de ella seguí internado por un accidente y mi madre (su esposa) lo asistía, Sonia y quien escribe, quedaron a pasar ese finde en la casa de mi madre. Sonia no es una mujer muy bonita, algo gordita, solo un poco, alta, culo discreto y respingón, pero a los veintiséis años todas las mujeres son bonitas y si tiene ese par de tetotas súper voluptuosas no queda tiempo para mirarla de otro modo que no sea con el deseo a flor de piel. De ahí en adelante es fácil imagina que la descripción física, sumado a la abstinencia sexual por el tratamiento médico de su esposo para superar un problema de infertilidad, yo que transito una crisis matrimonial, todo junto y revuelto hacen un cóctel súper explosivo, juntos y con unas cervezas todo podía ...
    suceder… Y sucedió. De este modo llegamos al segundo día, sábado, que pasamos visitando Gustavo, el padre de ella y pareja de mi madre. Mientras las relevo en hacerle compañía en el hospital, ella acompañó a mi madre a tomar un poco de aire. Luego de pasar gran parte del día con ellos, nos regresamos al “hogar” prestado por mi madre. De camino compramos en la rotisería la cena de esa noche, que sería la última que dormiríamos juntos de esta casi “luna de miel” de los “hermanitos incestuosos”, ella jugó con ponerle ese lascivo título a esto que estábamos viviendo. Es tarde era nuestra segunda vez que compartíamos nuestras soledades y podíamos dejarnos llevar por esta pasión tan explosiva como impropia, pero que la turbulencia de los acontecimientos había arrasado con todas las prevenciones morales, encendiendo la pasión para tener sexo de una manera tan irracional como deliciosa. La mesa estaba dispuesta y el pack de cervezas bien frías esperándonos, estaba cambiada, se había comprado un babydoll, sensual que traslucía un conjunto de ropa interior rosado, el soutién apenas podía contener los opulentos senos, trasparentando el rotundo pezón que pugna por atravesar la suave tela, abajo una súper brevísima tanga cola less, que no puede contener el vello que debe ocultar. Ella se contonea con soltura sensual, balanceando sus opulencias, meneando el culito que seguía negándome. Toda ella destila sensualidad y erotismo, dejando tras de sí la promesa de que si persisto en deseárselo ...
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