1. Historia del chip (039): El club (Enko 003)


    Fecha: 27/02/2019, Categorías: Dominación BDSM Autor: chopin, Fuente: CuentoRelatos

    Nadia esperó pacientemente a que Enko volviese con los cafés. No iban en el jet privado como era habitual. Estaba de pie, en medio de la sala abarrotada de gente. Su minifalda no desentonaba salvo, quizás, por su extrema cortedad. No se sentó debido a la nueva regla impuesta por Enko, no podía llevar la chaqueta puesta si se sentaba. Como debajo llevaba su top habitual, que mostraba impúdico el lateral de los senos, prefería esperar a un lugar menos concurrido. Ya sólo faltaban tres meses para la activación del chip. Y como preparación al evento, Enko había encargado un sofisticado ornamento de control que cubría la vagina de Nadia. Toda la zona, los labios vaginales, el orificio, el clítoris, los distintos pliegues quedaron inaccesibles. Un sofisticado mecanismo le permitía a Nadia orinar sin demasiados problemas, pero su posibilidad de acariciarse era nula. Llevaba tres días con el artilugio y ya no podía aguantarse. ¿Cómo iba a poder estar tres meses sin tocarse? Enko no le dio la misma importancia. —Después de todo, tienes tus pezones y tus pechos— le dijo cuándo le colocó el muro triangular y esbelto de una aleación recién creada. Nadia reconoció que no le faltaba razón. Eran pocas las ocasiones en las que Enko la tocaba entre las piernas, y si lo hacía era más para comprobar su estado de excitación que por acariciarla. No es que le importase mucho, ya que sus pechos eran el centro de placer de ambos. Miró inquieta a cada lado, esperando que apareciese. ¿Dónde se había ...
     metido? Notaba el frescor en los muslos y las nalgas. La falda, también de estreno, era tan ligera como sus tops y por lo que podía apreciar, sus hebras tenían el mismo efecto. Sus nalgas parecían vibrar con el contacto sensual e inequívoco que proporcionaba la tela. Por fin llegó. Se tomaron el café ahí mismo, dándole gracias al cielo Nadia por no buscar asiento. Con esa falda, sería imposible no dar el espectáculo. —Tenemos un rato hasta la puerta. Lo siento. No sé por qué hay tanto jaleo. —Al parecer ha habido un atentado en Miami y están desviando un montón de vuelos. Y también retrasos. — Pues vamos, antes de que se arrepientan y nos cierren el aeropuerto. Nadia siguió con aplomo a Enko, que cogió la maleta con ruedas compartida. La cadena empezó a moverse y, como siempre, excitar a los pezones. La tela también. Y como novedad desde ese día, su culo también experimentó el trajín sedoso. Después de batallar en lo que a Nadia le parecieron horas, por fin llegaron a la puerta de embarque. Con tiempo para poder escaparse a un servicio donde Enko fue puntualmente agasajado. Nadia también disfrutó lo suyo cuando Enko sobó con esmero los pechos con la facilidad de meter la mano por dentro de la chaqueta. La tela de debajo no podía protegerla. No habría orgasmo. En los últimos tiempos, ya había conseguido moderar mínimamente sus impulsos y la prueba de fuego sería ese viaje, en el que ya sólo obtendría uno al día y siempre que le otorgase un mínimo de cinco a Enko. Como sólo era ...
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