1. LA HISTÓRIA DE MONTSE FERNANDEZ


    Fecha: 07/03/2019, Categorías: Sexo en Grupo Sexo Duro Voyerismo Autor: reininblack, Fuente: xHamster

    ... sufelicidad mutua.—No sabes cuánto te quiero, Montse Fernández -murmuró el joven, sellando tiernamente sudeclaración con un beso depositado sobre los labios que ella ofrecía.—Sí, lo sé —contestó ella con aire inocente—. ¿No me lo estás diciendoconstantemente? Llegaré a cansarme de oír esa canción.Montse Fernández agitaba inquietamente sus lindos pies, y se veía meditabunda.—¿Cuándo me explicarás y enseñarás todas esas cosas divertidas de que me hashablado? —preguntó ella por fin, dirigiéndole una mirada, para volver luego a clavar lavista en el suelo. 5 de 107—Ahora —repuso el joven—. Ahora, querida Montse Fernández, que estamos a solas y libres deinterrupciones. ¿Sabes, Montse Fernández? Ya no somos unos chiquillos.Montse Fernández asintió con un movimiento de cabeza.—Bien; hay cosas que los niños no saben, y que los amantes no sólo deben conocer,sino también practicar.—¡Válgame Dios! —dijo ella, muy seria.— Sí —continuó su compañero—. Hay entre los que se aman cosas secretas que loshacen felices, y que son causa de la dicha de amar y ser amado.—¡Dios mío! —exclamó Montse Fernández—. ¡Qué sentimental te has vuelto, Carlos! Todavíarecuerdo cuando me decías que el sentimentalismo no era más que una patraña.—Así lo creía, hasta que me enamoré de ti —replicó el joven.—¡Tonterías! —repuso Montse Fernández—. Pero sigamos adelante, y i cuéntame lo que metienes prometido.—No te lo puedo decir si al mismo tiempo no te lo enseño—contestó Carlos—. Los conocimientos sólo se aprenden ...
    ... observándolos en lapráctica.—¡Anda, pues! ¡Sigue adelante y enséñame! —exclamó la muchacha, en cuyabrillante mirada y ardientes mejillas creí- descubrir que tenía perfecto conocimiento de laclase de instrucción que demandaba.En su impaciencia había un no sé qué cautivador. El joven cedió a este atractivo y,cubriendo con su cuerpo el de la Montse Fernández damita, acercó sus labios a los de ella y la besóembelesado.Montse Fernández no opuso resistencia; por el contrario colaboró devolviendo las caricias de suamado.Entretanto la noche avanzaba; los árboles desaparecían tras. la oscuridad, y extendíansus altas copas como para proteger a los jóvenes contra la luz que se desvanecía.De pronto Carlos se deslizó a un lado de ella y efectuó un ligero movimiento. Sinoposición de parte de Montse Fernández pasó su mano por debajo de las enaguas de la muchacha. Nosatisfecho con el goce que le causó tener a su alcance sus medias de seda, intentó seguirmás arriba, y sus inquisitivos dedos entraron en contacto con las suaves y temblorosascarnes de los muslos de la muchacha.El ritmo de la respiración de Montse Fernández se apresuró ante este poco delicado ataque a susencantos. Estaba, empero, muy lejos de resistirse; indudablemente le placía el excitantejugueteo.-Tócalo -murmuró—. Te lo permito. 6 de 107Carlos no necesitaba otra invitación. En realidad se disponía a seguir adelante, ycaptando en el acto el alcance del permiso, introdujo sus dedos más adentro.La complaciente muchacha abrió sus ...
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