1. Merecida infidelidad


    Fecha: 25/11/2017, Categorías: Infidelidad Autor: Elisa, Fuente: CuentoRelatos

    ... almorzamos juntas. La noté ilusionada aunque me dijo que sentía un poco de miedo ante la situación. En una larga conversación la hice ver que no hacía más que lo que debía y que no tenía motivos para sentir remordimientos, ya que ni amaba a su marido ni tenía porqué estar sometida a un matrimonio que no era más que un contrato que debían cumplir las dos partes y él ya hacía años que no la trataba como un ser humano, más bien como un objeto más de su posesión. Le dije que sobre las 21:00 horas volvería, le di dos besos de despedida, le deseé suerte y me marché, advirtiéndole que debería contarme con pelos y señales lo que aconteciera. Cuando a la hora convenida, regresé, no había rastro de Mirian ni de Fabián. Todo en orden, salvo la canasta de ropa sucia donde estaba el juego de sábanas que había en mi cama y una nota sobre la mesa del salón donde escribió: "Gracias, amiga, por abrirme los ojos y por tu inestimable ayuda. Te confieso que hubo alguna ocasión que pensé que eras una perversa enfermiza y una entrometida en temas ajenos. Mañana te cuento cómo desde tu hogar pude ver el cielo. Mirian." El domingo por la mañana, sobre las 10:00, llamó a la puerta. No era ella, era un ángel de sonrisa reluciente, ojos despampanantes y palabras atropelladas. Contó lo ocurrido: Llegó Fabián sobre las 16:00 horas, nos besamos tímidamente, pasamos al salón y dejó un ramo de rosas blancas, rojas y amarillas sobre el sillón. Iniciamos una conversación en un tono muy bajo, más bien ...
    ... susurrando. Pasada como una hora donde me habló lo que me había deseado, las veces que pensó, incluso, de dejar la empresa para no verme, porque sufría cuando me observaba cuando Vidal me recogía a la salida, me dio un beso que me pareció de almíbar. Yo por mi parte le dije que ya me había dado cuenta de la forma de mirarme, pero que vivía en una "burbuja" de la cual había podido liberarme. Cuando quise darme cuenta tenía mi brazo rodeando su cuello, mi cuerpo inclinado hacia el suyo y mis labios liberando palabras que nunca se me ocurrió pronunciar antes, junto a los suyos. Su mano, nerviosa, subía con suavidad desde mi cadera hasta el lateral de mi pecho, su aliento, cada vez más agitado, proporcionaba frescura a mi piel, que se erizaba por momentos. Fue cuando posé su mano sobre mi pecho y la apreté, para que notara las palpitaciones de mi corazón. La pasión que puso con un solo beso en mis labios provocó que mis pezones se hincharan y sintiera una extraña humedad en mi sexo. Él, en silencio, se levantó, cogió el ramo de rosas y desapareció por el pasillo, dejándome agitada y expectante. Volvió en pocos minutos, me ofreció sus manos y me llevó a tu habitación. Cuando entré, sonaba Let’s fall in love de Diana Krall en tu pequeño equipo y la cama estaba abierta, una rosa de cada color sobre ella y sus pétalos rociados sobre la almohada. Posó sus manos sobre mi camisa para dedicar unos segundos en desabrochar cada botón, mientras me besaba. Creo que era electricidad lo que recorría ...