1. El concesionario familiar. (6)


    Fecha: 02/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: GUILLEOSC, Fuente: TodoRelatos

    ... encarnar los anzuelos y volverlas a lanzar, apagué todas las luces del muelle, me senté a disfrutar de los sonidos de ese silencio tan particular y me dediqué a pensar lo que se debería hacer con las Concesionarias. Era evidente que mi padre se había visto superado por los gastos que le insumían los aumentos de impuestos, los sueldos del personal y la escasez de las ventas. A todo esto, había que sumarles otros gastos generales que también aumentaban y que, al no haber ingresos y al abonarles las cuotas de los vehículos hacía que toda la Economía se desplomara porque él era el único que aguantaba todo. Soluciones había y urgía poner manos a la obra para no seguir perdiendo, pero, estaba seguro que chocaría con la intransigencia y la tozudez de alguien acostumbrado a la“vieja escuela” y al“hacer y deshacer” sin escuchar ninguna campana exterior.
    
    Una de las pocas veces en que la vi a mi madre decidida a poner los puntos sobre las íes y no se fue en“amagues”, se levantó y camino hacia el interior de la casa a fin de llamarlo por teléfono a mi padre. No era lo que pretendía, pero, salió así y no eran momentos de retroceder o quedarse apoltronados sufriendo lo que, indudablemente, era todo resta.“Pará hermanito, no te levantes, hoy me toca a mí, ya no quiero dedos”, -dijoDiana acercándose y besándome con ganas-.
    
    No le podía ver la cara en la oscuridad, pero hubiese apostado a que sus ojos brillaban de deseos y no me quedó otra que bajarme la bermuda para que pudiera tener ...
    ... acceso a mi verga que, ya con el beso se había puesto en condiciones de“operar”. Sin soltarse de mi boca se sentó sobre mis muslos y con una de sus manos dirigió el glande hasta la gruta anegada, luego comenzó a bajar como en cámara lenta. Sobre mis labios se morían sus quejidos y gemidos, yo sentía todos sus pliegues interiores al paso del ariete y me imaginaba que ella lo debía sentir aún más. Finalmente quedó sentada apoyando sus nalgas en mis muslos y ella misma se acomodó para que nada quedara afuera.
    
    Estar a oscuras y recorrer sus formas con mis manos me llevó a apretarla contra mí y olvidé completamente lo de sus golpes, entonces me limité a sostener su espalda y la dejé que ella se moviera subiendo y bajando por el miembro lubricado.Diana no tardó en tener un orgasmo que no gritó porque ella misma se ocupó de volver a besarme, pero sentí sus temblores y toda la contracción de su cuerpo. Mi verga también sintió los apretones, aunque eso, en lugar de molestarme o dolerme me hacía sentir bien.“Que bien que me hacés sentir hermanito, ahora haceme la cola y llenala de leche”, -me pidió acercando su boca a mi oído-, salí despacio de ella y le pedí que se apoyara con las palmas en el asiento, lo hizo enseguida y verla no la veía, pero mis manos recorrieron sus nalgas duras y lubriqué su agujerito con sus propios jugos.
    
    Diana parecía sollozar cuando me pedía que se la metiera, su calentura estaba en lo más alto y el glande comenzó a entrar, no me detuve, la penetración ...
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