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El concesionario familiar. (8)
Fecha: 30/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: GUILLEOSC, Fuente: TodoRelatos
... se agarraba la cabeza,Greta tenía una onda genial y me encantaba que fuera así, independientemente de eso, en algún momento hablaría en serio con ella respecto al trabajo, las decisiones tendrían siempre mi nombre y apellido, pero no la veía ni la notaba con malas intenciones y se me hacía muy frontal. De hecho, el trato y la primera impresión eran mejores que conGimena. Estaba claro queGreta sabía muy bien los puntos que calzaba como mujer y era muy dueña de su espejo, pero a eso le agregaba otras experiencias, otro trato y no me disgustaba para nada. Pensando así estaba llevando a cabo una pelea con mi angelito demonio que me instaba a tratar de“embocarla” a la“veterana” en la primera oportunidad que se diera, pero mi angelito bueno me decía que esperara, mientras mi verga sólo amagaba. El almuerzo estuvo muy bueno, ensaladas y pollo frío y para mí era un manjar. El perro se había acercado para que lo acariciara, casi como por instinto reconoció a quien podría llegar a ser el“Macho Alfa” en esa manada y ya me había aceptado.“Miralo al “maricón”, un par de mimos deRamiro y ya se olvidó de quien lo crio y le da de comer todos los días”, -acotó risueñaGreta-. Después tuve que convencerla para que me dejara tirarme a la sombra de un tupido roble que había en el fondo de la casa y el perro me siguió para acostarse a mi lado, yo, feliz de la vida y ellas dos se quedaron conversando y viendo si no se olvidaban nada. Seguramente también conversarían sobre mí y todo lo que ...
... pasabaGimena, pero no debió ser algo malo porque las orejas no me ardieron. El viaje de regreso lo hicimos un poco más despacio, un buen ratoGimena hizo de acompañante mientrasGreta estaba atrás con el perro que parecía acostumbrado de toda la vida a andar en auto y luego cambiaron los lugares. Ellas charlaron hasta por los codos hasta queGimena se durmió y le tocó a la madre el hacer de acompañante, tampoco paró de hablar estaba excitadísima con las nuevas posibilidades, me preguntó de lo laboral, de ella y deGimena y recibió todas las respuestas que quería. En la localidad deEzeiza, cuando todavía no eran las seis de la tarde y antes de entrar casi de lleno en la autopista que nos llevaría a nuestro destino nos detuvimos en el estacionamiento de un Súper, dejamos el coche a la sombra con las cuatro ventanillas a medio bajar,Titán ni se mosqueó cuando bajamos los tres y agarramos un carrito cada uno. Además de la lista que ellas llevaban y que yo les había pedido, me encargaba de meter en el carrito todo lo que se me ocurría que podrían necesitar, ni el repelente de mosquitos me olvidé. Estuvimos como una hora allí adentro y hasta compré dos celulares de la oferta de dos por uno para que se movieran con eso después de cargarlos y una bolsa de alimento paraTitán. Después, cuando entramos en la casa yGreta la vio, se desarmó, me abrazó y se largó a llorar con ganas… No la quise hacer muy larga porque mirar a una mujer llorando no es lo mío, además, por si algo faltaba, que ...