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Pesca deportiva
Fecha: 23/10/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos
... punto de caer de espalda. Se trataba de la misma prenda que yo había enviado a Leslie, su blusa turquesa; ¡junto con su diminuto bikini rojo! ¡No daba crédito a lo que mis ojos veían, la ropa de mi novia servida en una fina bandeja plateada, como si se tratase de algún delicioso postre! Si en algún momento yo había tenido alguna duda de que tan lejos había llegado mi novia con el gringo eso había quedado atrás. Ahora no había ninguna duda de que mi novia se encontraba completamente desnuda en la habitación de aquel hombre; y como es de suponerse, no hay muchas opciones a la hora de imaginar como pudieran estar divirtiéndose. Pero eso no era todo lo que la bandeja de servicio revelaba. En la charola, junto a la ropa de mi novia, también se encontraba la tarjeta de seguridad que abría la puerta de habitación del gringo, donde me imaginaba ella estaba gozando con el hombre. Esto sólo podía significar una cosa. ¡Una invitación al portador para unirse a ellos en la diversión! Quizás mi novia al momento de recibir su blusa supo inmediatamente que yo debí habérsela enviado. Y jugándome una broma decidió retornarla junto con su traje de baño y la tarjeta de seguridad; para hacerme saber que en ese preciso momento no necesitaba estar vestida, pero que si quería unirme a ellos era bienvenido. O quizás el gringo, por ser un hombre mayor, no era capaz de darle suficiente batalla en la cama; y ésta era la forma en que ella estaba solicitando refuerzos para que alguien la ...
... satisficiera. Desafortunadamente para mí en ese momento no podía aceptar tal invitación. Pero si ella quería otro compañero de fiesta para continuar divirtiéndose en la habitación del gringo, era mi deber conseguírselo. Afortunadamente sabía dónde encontrarlo. —Querías una oportunidad para coger con mi novia, pues aquí está —dije con actitud generosa tomando la tarjeta del gringo y arrojándola en dirección del barista, quien la atrapó en el aire sin dificultad. —¿Es en serio? —preguntó el barista sin dar crédito a mi oferta. —¿Te la quieres coger o no? —pregunté molesto por esa repentina actitud de duda. —Sí, claro que sí —respondió al reconsiderarlo. ¡No podía creer lo que yo acababa de realizar! Había otorgado a este humilde chico la oportunidad de fornicar con una mujer, que en otras circunstancias estaría totalmente fuera de su alcance: mi hermosa novia Leslie. Si hubiera un premio Nobel a la generosidad seguro yo sería el ganador. Una vez más el nivel de morbo en el ambiente se incrementó, provocando que mi miembro volviera pulsar, desesperado por liberarse de mis opresoras ropas. Ya no lo podía soportar, tenía que ir a mi habitación para masturbarme inmediatamente; ya no tenía tiempo para seguir divirtiéndome a costa del barista. —Perfecto, sólo quiero pedirte que primero me hagas un pequeño favor —condicioné mi oferta. —Lo que usted quiera señor —respondió el barista sin pensar. “Pobre imbécil”, pensé, seguro estaba tan desesperado por ir a ...