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Pesca deportiva
Fecha: 23/10/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos
... hombres eran americanos, de cabello rubio y piel bronceada por el sol, como de unos 50 años cada uno. Ataviados con los atuendos propios de unos pescadores profesionales: visera con señuelos, chaleco repleto de bolsos y una mochila térmica en sus hombros. Posiblemente se trataba de residentes de algún poblado cercano. —¡Good afternoon! —saludaron los gringos al tiempo que levantaban la mano para hacer un ademán. Nosotros regresamos el saludo para no parecer groseros con ellos; pero, aunque los gringos se mostraron cordiales y amistosos a pesar de nuestra presencia, decidimos mantener nuestra posición retirada para no asustar a sus posibles presas. Como era de esperarse, el agua del otro lado del rompeolas era mucho más cristalina que en la playa, por lo que Leslie y yo nos aventuramos a nadar unos cuantos metros mar adentro, para disfrutar de las suaves olas que rompían contra la barrera artificial. Una vez que conseguimos cierta distancia nos abrazábamos para flotar libremente, permitiendo que las olas nos llevaran de nuevo hasta el talud; mientras nos fundíamos en otro apasionado beso que no terminaba hasta que nuestros pies tocaban la base del rompeolas. Sólo para volver a nadar buscando repetir nuestra romántica deriva una y otra vez ante los ojos de dos desconocidos. ¡Todo parecía perfecto! Sol de media tarde, un clima agradable y un mar de agua tibia con la mujer más hermosa y sensual en kilómetros. “¿Qué más podía pedir?”, pensé en mi interior, ...
... satisfecho con mi buena suerte; la respuesta no se encontraba muy lejos. Antes de que el sol se ocultara uno de los pescadores se retiró, posiblemente cansado a causa de su larga jornada, pues ellos llevaban ahí más tiempo que nosotros; se despidió de su amigo y prosiguió a nadar hacia la playa, dejando a el otro hombre continuar completamente solo con su pesca. O eso es lo que pensé que pasaría. Unos minutos después, Leslie y yo nos sentamos en el rompeolas para descansar un poco, después de haber estado nadando por casi una hora. Cuando el gringo que continuaba pescando se dio cuenta de esto, recogió el sedal de su caña, se ajustó su mochila térmica y caminó hacia nosotros con actitud amistosa. —¡Hola, amigos! —saludó nuevamente el gringo en nuestro idioma, obviamente al haberse percatado que nosotros hablábamos español. —¡Hola, buenas tardes! —saludamos Leslie y yo, casi al mismo tiempo. —¿How are you my friends? —preguntó el gringo con una gran sonrisa blanca en su rostro bronceado por el sol. —Muy bien gracias —respondí yo— ¿Y usted como le fue de pesca, ya consiguió su cena? —agregué bromeando. —¡Oh, no, no! —negó el gringo moviendo la cabeza de un lado a otro—. This it is just my hobby, catch one fish and let it go —explicó señalando el anzuelo vacío de su caña de pescar. Claro que nosotros sabíamos de qué se trataba la 'pesca deportiva', y aunque ésta era una afición que no compartíamos con aquel hombre, en el espíritu de la tolerancia y amistad entre ...