1. Una familia muy unida - Capítulo V


    Fecha: 24/10/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: sandraX, Fuente: TodoRelatos

    ... Debían rondar los cuarenta, los dos. Sí, eso es, tenían la misma edad. Cuarenta, más o menos. Mi tía Olga, hermana de mi madre, era una mujer muy guapa, de piel muy blanca que contrastaba con su larga melena de un negro intenso y unos ojos grises que le daban un aire de loba cuando te miraba. Es curioso, pero en mi recuerdo, Olga y mi madre no se parecían en nada...Salvo en los ojos.
    
    Físicamente, Olga era bastante alta -más que yo por aquel entonces- y sin llegar a decir que era gorda, era evidente que tenía un sobrepeso importante. Tenía unas tetas, Julio...¡Señor! ¡Qué par de cántaros! Y un culo... Y unos muslos... ¡Uf! Me estoy poniendo palote solo de recordarla...
    
    Trabajaba como secretaria en una de las oficinas del partido. Cuando se arreglaba por las mañanas para ir al trabajo, mis ojos infantiles ya se preguntaban cómo se las arreglaba para meter tanta carne en aquel traje chaqueta con falda de tubo con el que se vestían todas las funcionarias. Cuando volvía del trabajo, lo primero que hacía era desvestirse y ponerse una especie de camisón largo y una bata de felpa. Mis primeras pajas nacieron de la contemplación disimulada de aquel monumento de voluptuosidad. Si alguna vez mi tía me pillaba espiándola, me miraba con sus ojos de loba y me reñia con dulzura.
    
    Decía que los dos se querían mucho. Al principio, al menos. Cuando Alexei regresaba a casa del trabajo, practicamente todos los días, se encerraba en su habitación. Mi tía Olga dejaba lo que estuviera ...
    ... haciendo y se metía en el cuarto con él. Yo solo oía sus risas, al principio. Y después, sus jadeos. En mi mente infantil, me los imaginaba, sin saber muy bien qué era lo que hacían. Al rato, salían los dos con una cara de felicidad que se me contagiaba al instante. Eramos felices, los tres.
    
    Mi tio Alexei no perdía la ocasión de meterle mano. Mientras lavaba los platos, mientras ponía o sacaba la mesa, mientras hacía la colada. Ella se dejaba sobar, riendo como una loca, diciendo una y otra vez:Estate quieto, Alexiu – diminutivo cariñoso que mi tía empleaba cuando se ponía tocón -. Que no ves que está el niño. Mi tío entonces se giraba y sin dejar de tocarle el culo o las tetas me guiñaba un ojo. ¡Joder! ¡Qué recuerdos! Y qué pajas me hice imaginando que eran mis manos las que exploraban esas sensuales carnes...
    
    Faltaban dos semanas para que cumpliera los catorce cuando todo ese mundo hedonista se desmoronó. Llamaron a la puerta, entrada la noche. Yo ya estaba en la cama, pero no dormía. Oí que mi tío abría la puerta. Mi tía y yo casi salimos al mismo tiempo de nuestra habitaciones: yo en pijama y mi tía Olga con su camisola. No pude evitar mirarle los pechos que se marcaban espléndidos bajo la tela. Dos agentes uniformados, del KGB, venían a buscar a mi tío, a detenerlo. Olga los increpó, les preguntó casi chillando que por qué lo detenían. Alexei la tranquilizó diciéndole que debía ser un error. También le dijo que se pusiera la bata. Y a mí, que volviera a mi cuarto. Pero ...
«12...456...11»