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La Isla Evanescente 25
Fecha: 27/10/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos
... compendios con los hechizos más sencillos. Allí solo se paró a seleccionar una colección de veinte tomos que contenía una selección de hechizos básicos, reunidos por varios autores que le llamó la atención por lo bien organizada que estaba. Solo se paró un poco más en tres tratados escritos por un tal Ümwallas, que daban las directrices para hacer investigación mágica básica con seguridad. Cuando reunió estos volúmenes, junto con una historia de la magia y otra del continente que rodeaba el mar del Cetro, sacó el trozo de cuerda y con un sencillo hechizo los envió al barco. Esperaba que el viejo marinero tuerto no se sorprendiera y los tirara por la borda. Cuando terminó allí se dirigió a las zonas que delimitaban cada elemento de la magia. Actuó con rapidez. Al principio tanto volumen le intimidó, pero un par de visitas a la cajonera de las tarjetas, le permitió averiguar que los libros también estaban clasificados por su importancia. Cada tarjeta además de la sinopsis tenía un símbolo que identificaba el elemento de magia del que trataba el libro, repetido una o más veces según su importancia, hasta un número máximo de seis símbolos. Desde aquel momento se dedicó a coger solo los volúmenes con seis símbolos o alguno de cinco cuyo título llamase su atención. En cuestión de pocas horas había enviado una biblioteca como jamás se podría reunir en el continente. No sabía si bastaría para detener a la reina hechicera, pero si para provocarle unos cuantos dolores de ...
... cabeza. Tras horas acarreando libros, se dio cuenta de que no había parado para beber un trago de agua así que salió de entre aquellas estanterías polvorientas y volvió al recibidor donde estaban esperando el resto de la expedición, salvo Kelmahir que meditaba sentado delante de un enorme libro que había sacado de una pequeña sección de la biblioteca dedicada al druidismo y su maestro, que miraba sorprendido a una de las puertas, con aire de no entender nada. Cogió un odre para saciar su sed y unas nueces kota, mientras observaba al anciano murmurar hechizos y empujar aquella hoja de madera de castaño sin éxito. Pensó en levantarse para ayudarle, pero estaba cansado así que decidió descansar un poco. Su profesor era un hombre inteligente, sabría arreglárselas sin él. Usando su capa como manta para aislar su cuerpo del frio suelo de basalto y uno de los sacos de comida como cojín se tumbó y no tardó en quedarse dormido a pesar de la excitación que recorría su cuerpo. Baracca Observó al chico aburrida. Habían pasado doce horas. Creía que aquello iba a ser una peligrosa aventura, eludiendo trampas para acceder a conocimientos arcanos, pero en realidad aquella mole había resultado ser una biblioteca como cualquier otra, enorme, eso sí, pero a fin de cuentas un montón de libros apilados en estantes, cogiendo polvo y siendo pasto de los ratones... o no. De repente se dio cuenta de algo que no le gustó tanto. A parte de los que ellos producían no se había oído ni un solo ruido ...