Taxista nocturno (Lo que cambió mi vida)
Fecha: 08/03/2025,
Categorías:
Incesto
Sexo con Maduras
Autor: Veronicca, Fuente: SexoSinTabues30
Hace un tiempo un amigo venezolano me habló sobre sus experiencias de cuando estuvo trabajando de taxista, y con su permiso, he querido hacer mi versión particular hablando en su nombre, contado por él mismo sobre todo eso que le sucedió y que sigue pasando en las calles de su ciudad, así como en otros muchos lugares de los países sudamericanos, ya que me parece un tema muy interesante y espero que os guste:
Debido a la compleja situación económica de mi país, he tenido que desempeñar trabajos de todo tipo y hace unos años me salió la oportunidad de trabajar como taxista para el turno de noche, algo que no gustó mucho a mi mujer, porque suponía trabajar de 8 de la tarde a 6 de la mañana, aunque tampoco era siempre un horario fijo, pero como necesitábamos el dinero por tener que criar a 3 hijos, no tuvo más remedio que resignarse.
Yo no conocía mucho el mundo del taxi y mucho menos a esas horas nocturnas, donde la clientela es bastante diferente a la del día, por lo que durante los primeros días me dejé aconsejar por mis compañeros, para ir aprendiendo todo lo que me fuera útil para mi trabajo.
En esas reuniones de taxistas en las paradas esperando a los clientes, era frecuente contarse las anécdotas que les pasaban cada día, algunas divertidas, pero otras más riesgosas para ellos, lo que yo escuchaba atentamente, así como la confianza con la que saludaban a las niñas que vendían flores en los semáforos o esquinas de las calles más concurridas, bromeando entre ellos ...
... hablando de cómo se las follaron.
Poco acostumbrado a esos ambientes, les pregunté extrañado si las niñas se prostituían también, a lo que me contestó uno de ellos:
—Claro, pana. La necesidad es grande y poniendo la chocha ganan más que vendiendo flores. ¿Ves a aquella chamita de la minifalda? Pues me la follé el otro día cuando la llevé a su casa, a cuenta del pago.
Me fijé en ella y supuse que no llegaría a los 15 años, pero era preciosa y seguro que no le faltarían clientes. Hasta ese momento, yo no me había fijado especialmente en las niñas, aunque siempre hubiera alguna que me llamara la atención para voltear la vista, pero a partir de aquellas conversaciones, cada vez que veía una, sentía una descarga de excitación en la espalda que me ponía a reventar.
Mientras algún coche se paraba y se subía alguna de las crías, el compañero siguió hablando:
—Pero si te gustan los chamacos, también te la chupan o se la comes tú y les puedes dar por unos billetes —señalando a un grupo de chicos apoyados en la pared, riendo los demás burlonamente como el que está acostumbrado ya a ver y a hacer de todo.
—Yo me reí también, porque sabía que alguno era aficionado a ellos, pero en realidad eran unos viciosos a los que les iba todo.
A pesar de esa normalidad con la que trataban ese asunto, yo todavía no estaba muy convencido, por mi educación y creencias que se van asumiendo inconscientemente y les dije:
—Es que me da lástima por ellas, yo no quiero sentir que las ...