1. Puerta trasera


    Fecha: 14/03/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos

    ... incredulidad una vez que hubo recuperado el aliento.
    
    —Así es, cógeme por el culo como siempre lo has deseado, como si no existiera un mañana —cité de manera cursi en mi papel de prostituta complaciente.
    
    Los ojos de mi esposo se iluminaron como dos estrellas que titilan en la noche, al tiempo que una sonrisa se dibujaba en sus labios, extasiado por lo que estaba por suceder; por aquellos perversos placeres que hacía tiempo estaba ansioso de disfrutar con mi cuerpo.
    
    Cambiando diametralmente su semblante, mi esposo se puso de pie junto a la cama y sujetando su erecto miembro comenzó a blandirlo hacia mí, soberbio y orgulloso. Como si al tratarse yo de su presa, intentara atraerme hacia una peligrosa trampa con una suculenta carnada.
    
    —¡Ven aquí perra! —ordenó mi esposo, recuperando su rol de hombre dominante.
    
    Sumisamente giré mi cuerpo para, poniéndome en cuatro patas, gatear seductoramente hasta él y olfatear su viril miembro. Claro que podía haberlo engullido inmediatamente hasta que se perdiera en mi garganta; pero sabía que mi esposo no quería perderse la oportunidad de abofetearme en el rostro con su miembro, mientras yo fingía intentar atraparlo entre mis labios.
    
    —¡Eres una perra muy mala! —exclamó mi esposo pasando su pene por mi rostro de lado a lado—¿Y sabes lo que les pasa a las perras malas? —preguntó en forma retórica.
    
    Yo enmudecí, pues sabía que el hombre que estaba enfrente de mí no necesitaba que respondiera pregunta alguna, igual haría ...
    ... conmigo lo que a él se le antojara; como yo imaginaba debería de ser siempre para un verdadero hombre, aquellos que no sólo saben lo que quieren, sino que también conocen los medios para conseguirlo. Al menos por esa noche, le estaba regalando a mi esposo la oportunidad de adoptar esa identidad. ¡Que afortunado resultó ser él de tener una mujer tan generosa como yo!
    
    —¡Les caen a palos! —sentenció mi esposo con una risa burlona al momento que golpeaba mi rostro con su pene.
    
    Una vez que mi esposo detuvo su pene frente a mí, con la punta de mi lengua comencé a acariciar su glande, lenta y sugestivamente, desesperada por introducirlo en mi boca y de esa forma utilizar hábilmente mi saliva para lubricarlo mientras mi esposo cerraba los ojos entregándose completamente a mis caricias.
    
    Aunque, siguiendo el consejo de Silvia, yo había traído en mi bolso un aromático aceite lubricante, en ese momento no tenía el valor para romper la atmósfera que yo misma me había esforzado en crear; por lo que era mejor que me fuese preparando para lo que viniera.
    
    —Así es perra, chúpamelo así —murmuró mi esposo entre roncos sonidos guturales echando su cabeza hacia atrás.
    
    Como había mencionado con anterioridad, ciertamente el miembro de mi esposo era algo que estaba muy lejos de poder presumir. Pero sus bramidos animales y orgásmico jadeo me fueron contagiando de poco su frenesí carnal; a tal grado que podía predecir con gran exactitud, su reacción antes de que siquiera lo llegara a ...
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