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Puerta trasera
Fecha: 14/03/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos
... ¡Exacto!, se trataba del miembro de mi esposo que exitosamente había conseguido introducirse poco a poco a través de mi ano. —Así me gusta perra, flojita y cooperando —susurró mi esposo complacido por el involuntario reflejo de dilatar la entrada de mi esfínter; ignorando que de hecho esto debería de ser agradecido a uno de sus mejores amigos. Con el miembro de mi esposo casi totalmente enterrado en mi trasero, comencé a fantasear traviesamente con el esposo de mi amiga y su enorme miembro. Resultaba imposible evitar las odiosas comparaciones; pero, si un pene de tamaño promedio como el de mi esposo, era capaz de provocarme ese delicioso cosquilleo en lo profundo de mis entrañas, ¿qué clase de sensaciones podría experimentar si en lugar de mi esposo fuera Miguel quien me estuviera empalando por el ano? —¡Mierda! —exclamé presa de un involuntario espasmo que recorrió todo mi ser, al sentir el primer empujón de mi esposo por detrás una vez que hubo conseguido introducir todo su miembro. —¡Silencio puta! —ordenó mi esposo con autoridad, creyendo equivocadamente que los reflejos de mi cuerpo se debían exclusivamente a sus acciones. No había ninguna necesidad de corregirlo. A un ritmo semi lento, mi esposo comenzó a embestir mi cuerpo proyectando su cadera contra mis glúteos con firmeza. Mientras que, con mis dedos hundidos en lo profundo de mi vagina, alcanzaba a percibir como avanzaba y retrocedía el pene de mi esposo detrás de la pared de mi útero; tratando de ...
... calcular empíricamente, el grado en que esa presión interna podría ser incrementada por un intruso de mayor tamaño como el de Miguel. Extasiada, ignoraba la fricción que aquellas inmundas sábanas de motel me provocaban al frotarse contra mi rostro; al tiempo que las mismas eran humedecidas por mi saliva, creando una pegajosa mezcla de flujos corporales que se impregnaba en mi mejilla. ¿Quién podría saber a cuantas personas se podría identificar si se analizara el ADN contenido en aquella repugnante mezcolanza? —¡Oh cielos! —exclamó mi esposo a medida que su miembro era oprimido por mi apretado colon. Aunque como he mencionado mi marido no tenía mucho que presumir, anatómicamente hablando, desde esta nueva perspectiva daba la impresión de ser gigantesco, la sensación era indescriptible, placentera y morbosa. “¿Como era posible que no lo hubiéramos intentado antes?”, me recriminé a mí misma sin conseguir darme una explicación. Poseída por el placer que me provocaba esa nueva sensación, comencé a acariciar mi clítoris lenta y deliciosamente en la entrada de mi vagina; dibujando círculos con las puntas de mis dedos consiguiendo incrementar mi excitación, a tal grado que los espasmos ya no sólo se limitaban a mi colon, sino más bien se dejaban sentir por toda la zona de mi abdomen, provocándome una descarga de endorfinas que nunca antes había experimentado. —¡Oh mierda, que rico culo tienes puta! Si yo estaba excitada con ésta nueva perspectiva del placer sexual ...