-
Puerta trasera
Fecha: 14/03/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos
... que podría decir de mi esposo; que no dejaba de gemir y maldecir, preso de un estado de enajenación que hacía mucho tiempo no le veía durante nuestras secciones de sexo. ¡Era como un niño en una confitería! —¡Mierda, ya no aguanto! —amenazó mi esposo entre jadeos indicándome que estaba a punto de conseguir llegar al orgasmo. Tratando de alcanzar a mi esposo, incrementé el ritmo con que mis dedos masajeaban mi vagina frenéticamente, alternando entre mi punto G y la pared posterior de mi útero, ansiosa no sólo por conseguir el orgasmo, sino también por percibir con el tacto el momento exacto en que mi esposo eyaculara su semen dentro de mí. —¡Ya! —exclamó él con un grito antes de venirse en mis entrañas. Como si estuviéramos sincronizados, yo alcancé mi clímax casi al mismo tiempo en que el miembro de mi esposo disparó un chorro de leche dentro de mí, a manera de un cañón que retrocedía para cargar nuevamente dejando sentir un fuerte culatazo. ¡Tres cañonazos logré percibir perfectamente antes de entregarme al éxtasis! —¡Oh mierda! —exclamó mi esposo extrayendo su miembro de mi colon, antes de dejarse caer a mi lado. Yo me tendí a lado de él, desdoblando mi espalda adormecida por la inusual posición mientras exhalaba extasiada. No recordaba la última vez en que ambos habíamos alcanzado el orgasmo con tanta facilidad, ¡vaya, ni siquiera habíamos quitado los cubre camas! Era obvio que el salir de la rutina para experimentar algo diferente había sido de mucha ...
... ayuda para alcanzar el clímax. Los dos nos arrastramos de espalda sobre la cama para meternos bajo las sábanas y fundirnos en un tierno abrazo, en lo que nos recuperábamos después de tan placentera actividad; pues ambos estábamos conscientes de que esa noche estaba muy lejos de terminar. ¡Gracias al cielo, así sería! —¡Espera a que los muchachos se enteren! —exclamó mi esposo sin pena; riendo orgullosamente y tomándome por sorpresa. ¡No lo podía creer! Acababa de permitirle desvirgar mi ano, y lo primero que se le ocurría era fanfarronear acerca del hecho con sus amigos. La actitud de mi esposo era totalmente reprobable, como si en lugar de un hombre maduro se tratase de un pequeño niño que, después de recibir un obsequio de sus padres, su primer instinto es mostrárselos a sus amigos; sea para presumirlo o compartirlo con ellos, no lo sabía a ciencia cierta en ese momento. Que infantiles pueden ser los hombres. —¡Claro que no vas a decir nada! —reaccioné con enojo regañándolo por lo inapropiado de sus intenciones, olvidándome que ese día se trataba de su cumpleaños—. ¡Lo que pasó aquí, de aquí no sale! —ordené con autoridad. —¡Amor, pero es que los chicos se burlan de mí porque saben que todavía no te había cogido por atrás! —suplicó mi esposo con ojos de perrito regañado esperando conmoverme. —¡Si se burlan de ti, no son tus amigos! —sentencié recriminando el comportamiento hostil de los esposos de mis amigas para con él. Mi latente instinto maternal, hizo ...