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Puerta trasera
Fecha: 14/03/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos
... tirón la húmeda sábana que cubría nuestros entrelazados y sudorosos cuerpos desnudos; en lo que se esforzaba afanosamente por comerme a besos prendiéndose a mi cuello. —¡Eso fue grandioso! —exclamó mi esposo orgulloso entre jadeos, completamente extasiado. —Me cogiste como nunca amor —mentí, intentando no destruir la ilusión de mi esposo de que me había provocado otro orgasmo. Sin haber podido desahogar mi libido de mujer, decidí concentrarme en como leer los mensajes en el teléfono. Comencé a morder los labios de mi esposo al tiempo que acariciaba su espalda, intentando que deslizara su cuerpo lentamente a mi derecha y de esa manera, quitarlo del camino hacia su teléfono, el cual no paraba de vibrar. —¿Quieres ver que han respondido? —preguntó mi esposo apoyándose en su brazo izquierdo; sonriendo burlón al haber descubierto mis intenciones una vez más. No sé exactamente qué fue lo que pasó, pero ya no me sentía avergonzada por haber quedado expuesta ante mi esposo; ya no existía ninguna duda o temor porque él se diera cuenta del grado de excitación, que la sola idea de saber lo que sus amigos opinaban de mi cuerpo me provocaba. Quiero creer que era tanto el morbo que ambos estábamos experimentando en ese momento, que simplemente hicimos a un lado cualquier otra emoción humana normal. ¡Súper erótico! —¡Sí! —respondí cerrando los ojos y frotando mi nariz contra la suya, sonriendo complacida porque mi esposo comprendiera y aceptara mis morbosos ...
... deseos. —El teléfono está de tu lado amor, alcánzalo. ¡Él no tenía que decírmelo dos veces! Inmediatamente estiré mi brazo izquierdo y alcancé el teléfono de mi esposo prácticamente sin ver; trayéndolo rápidamente hacia mí y colocándolo entre mis senos, careciendo sorpresivamente del valor para averiguar si Miguel había respondido. Por unos segundos se sintió tan grandioso tener ese pequeño y frío aparato electrónico en mi pecho vibrando sin parar. ¡Erotismo puro! Como me hubiese gustado concretar mi fantasía e introducirlo en mi vagina y no volverlo a extraer hasta que se agotara la batería; pero pensándolo bien, quizás eso hubiese arruinado la garantía. Era un poco absurdo. Momentos antes me moría por leer la opinión de los amigos de mi esposo, y segundos después carecía del valor para leerlos. Una extraña sensación de morbo y adrenalina se había apoderado de todos mis sentidos. —Yo lo hago amor —dijo mi esposo gentilmente, intuyendo el dilema en que me encontraba. Para mi fortuna mi esposo tomó su teléfono de en medio de mis senos alcanzando a rozar accidentalmente con su antebrazo uno de mis, en ese momento, duros pezones; provocándome un involuntario espasmo que se apoderó con malicia de mi cuerpo. “¡Santo cielo!”, pensé a medida que leía los mensajes que mi esposo hacía avanzar en su teléfono cronológicamente, muy lentamente, para asegurarse de que no me perdiera ni uno sólo de los atrevidos comentarios de sus amigos. ¡No podía creer la clase de vulgaridades ...