1. Madura y divorciada, orgullosa de mí misma (2)


    Fecha: 22/03/2025, Categorías: Confesiones Autor: AnneM, Fuente: CuentoRelatos

    Lo bueno que tiene este mundillo en el que ya me he acostumbrado a estar y en el que me muevo como pez en el agua es que una vez que comienzas a estar en él todo es mucho más fácil y viene rodado. Es como si tuviéramos algo en la cara que hace que todos los que estamos en la misma onda nos reconozcamos si dudar. Estamos a finales de enero, hacía un par de semanas que había regresado de Barcelona y tener mis primeras experiencias en compañía de Luis y Ana y estaba que no aguantaba más, no sabía como hacerlo sin llamar la atención en mi entorno, pero necesitaba sexo lo antes posible.
    
    La ciudad en la que vivo está dentro del Camino de Santiago, vivo a escaso cien metros del albergue de peregrinos en un edificio antiguo de tres alturas y la mía es la única vivienda ocupada todos los días de año; el resto han sido reconvertidos en apartamentos turísticos y siendo algo que me molestaba en principio y contra lo que luché para que no llegaran a hacerse se ha convertido en el mejor aliado para tener una vida al abrigo de indiscreciones vecinales. Sexualmente muy activa apenas sin darme cuenta me hice adicta a ver porno y me masturbo con mucha frecuencia. Bueno, realmente todos los días no menos de dos o tres veces.
    
    Bueno, a finales de aquel mes de enero, venía con las bolsas del supermercado y me paró un hombre extranjero para preguntarme si estaba cerca el supermercado. Era complicado indicarle, mi casa estaba al lado y tras dejar las bolsas en la misma le acompañé un par de ...
    ... manzanas para mejor indicarle. Finalmente decidí acompañarle a la puerta del super y de regreso entramos en un bar para tomar una cerveza. Era alemán algo más joven que yo de 53 años y me resultó atractivo, no sé decir lo que me ocurrió, pero durante un instante por mi cabeza pasó el pensamiento o la idea de que si se me insinuaba no iba a decirle que no.
    
    No hizo falta, posiblemente y sin ser consciente de ello alargué la conversación hasta pasadas las diez y media; el albergue municipal cierra sus puertas a las diez y no hay posibilidad de entrar... Le dije que viniera a casa. Aunque mi invitado tenía una actitud extremadamente correcta los dos sabíamos lo que iba a ocurrir, la cuestión estaba en quien de los dos iba a dar el primer paso. Le invité a ducharse, dejé toallas en el cuarto de baño y le señalé la puerta... El azar nos solucionó todo a ambos. No había reparado en que tenía en el baño dos magníficas pollas de látex que había lavado tras jugar largo rato con ellas; las vi al entrar con él en el baño para indicarle donde estaban las cosas... Me sonrojé sinceramente, pero él, encantador, quitó hierro al asunto haciendo un comentario que en principio no entendí muy bien.
    
    Supongo que a partir de ese instante él ya tuvo más claro lo que iba a ocurrir, de hecho, lo normal en su situación es salir del cuarto de baño con la ropa puesta y él salió con un albornoz que le había prestado y que en tiempos fue de mi ex. Volví a disculparme por el espectáculo de las pollas de ...
«123»