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Una mañana de footing muy especial
Fecha: 05/08/2025, Categorías: Relatos Cortos, Autor: El Manso Embravecido, Fuente: CuentoRelatos
... de la chica. Al cabo de un buen rato de estar de pie besándose y magreándose mutuamente, él decidió tumbarse en el suelo sobre unos restos de paja. Entonces, Elizabeth, sin pensárselo dos veces, se colocó en cuclillas sobre su cara apoyando las manos sobre el torso de él. Al principio dejaba su vulva a unos tres centímetros de distancia del rostro de Tomás, para obligarle a sacar la lengua todo lo que pudiera. Él, con mucho gusto, estiraba su lengua al máximo y se la pasaba por sus labios vaginales de forma relampagueante, con la idea de causarle cosquillas y excitación al mismo tiempo. Como ella estaba totalmente depilada le facilitaba el trabajo muchísimo. Elizabeth observaba con mucho morbo la verga de su ocasional amante, que más parecía un mástil que un vulgar pene de lo larga, recta, gruesa y dura que la tenía el senior en esos momentos. Ella alargó una mano y la empezó a sobar, comprobando que estaba tan dura como una barra de hierro, pero a diferencia de esta, el miembro viril de su chico palpitaba como si tuviera un corazón propio. La midió estirando su palma de la mano todo lo que pudo, y no consiguió abarcarla entera, quedando el glande y dos dedos de pene sin cubrir. Ella acercó su cara al pene y después de soltarle un importante salivazo, con su mano se lo fue extendiendo por todo el miembro y testículos hasta dejarlos bien brillantes y lubricados. Elizabeth estaba en el Séptimo Cielo con el cunnilingus tan completo que le estaba proporcionando Tomás. ...
... Él no se limitaba solamente a lamerle la vulva, sino que, también como buen experto en la materia, le lamía el orificio anal. Pubis, perineo y trasero (con ojete y raja incluidos), Tomás se los estaba dejando tan limpios y frescos como si Elizabeth estuviera usando un auténtico bidet. Por fin, ella decidió bajar el cuerpo y aplastar su pubis con toda su fuerza contra el rostro de Tomás. Elizabeth empezó por hacer movimientos de cadera hacia adelante y hacia atrás. A los pocos minutos cambió por movimientos circulares de pelvis. Estos dos movimientos, hacia adelante y hacia atrás y en círculos, los iba intercalando cada pocos minutos. Tomás a su vez, no daba abasto entre lamer, chupar, mordisquear y succionar los labios mayores y menores de la vulva, el clítoris, las profundidades de la vagina, el perineo, el ojete anal y la raja del trasero. Gracias a los jugos vaginales que soltaba a raudales Elizabeth, a Tomás no se le secaba la boca y la lengua no se le convertía en papel de lija. Saboreaba aquellos caldos como si fueran champagne de las mejores bodegas. A veces dejaba la lengua inmóvil en posición vertical, al modo de micro-pene, para que ella con sus movimientos de cadera se fuera dando gusto a sí misma. Otras veces, sobre todo cuando Elizabeth se enfocaba en posicionar el ojete sobre la boca de Tomás, dándole un corto respiro a su coño, él prefería dejar la lengua en forma plana y horizontal para lamer bien en profundidad y en toda su longitud la raja que dividía el ...