La cinta roja
Fecha: 13/08/2025,
Categorías:
Erotismo y Amor
Autor: Lorena1978, Fuente: CuentoRelatos
Había pensado en hacerle algo especial. El formato de sexo de Pier lo había interiorizado y me encantaba. Las circunstancias no permitieron que nos juntásemos ya que cuando nos conocimos yo trabajaba en un club nocturno y el acompañaba a mujeres muy mayores. Lo suyo fue muy temporal y dejó de “escoltarlas” al poco de conocernos, pero yo necesitaba todavía varios meses para ahorrar.
Estuve al borde de la tentación de pedirle que me esperara, pero no fui capaz porque esos meses de espera hubiesen sido muy duros para un joven de veintitrés años. La esperanza era que cuando abandonase aquella vida pudiese pedirle comenzar una relación, con un chico como él que me hubiese respetado y al cual no le tenía que esconder mi pasado, ni él a mí el suyo.
Fue un golpe muy duro cuando a las semanas me dijo que ya había una chica en su vida. Lo único positivo fue que pude dejar aquella vida y también encontré pareja. Se dejó con su novia, y a pesar de que nos encontrábamos rechazó mi ofrecimiento de dejar a mi pareja y emprender juntos el viaje de la vida
Nuestro funcionamiento o entendimiento en la cama era pleno. Compartíamos y compartimos los mismos gustos. Somos amantes del Kama Sutra y de Pier aprendí a hacer las ataduras en la cama y disfrutar de ellas. Eso sí, guardando el máximo cuidado de no hacernos señales y mi obsesión siempre ha sido darle el mayor placer ya que ha compartido esa misma obsesión hacia mí. Nuestro problema es que somos personas que hacemos mucho ruido y ...
... se nos escucha en las otras habitaciones.
A él le da vergüenza, pero no lo puede evitar, tiene un orgasmo tan potente como el que pueda tener una mujer. Tiene ese complejo hasta el punto que las primeras veces que lo hicimos se avergonzaba hasta casi llorar. Conmigo superó esa vergüenza ya que además verle así me hace sentirme más mujer y me arrastra al orgasmo.
Quise hacerle algo especial y aunque estoy acostumbrada a atarle, quería darle más placer, solo su placer para que me arrastrase al mío. Esta vez le até los brazos en forma de cruz, pero le dejé libres las piernas porque le gusta moverlas. La segunda atadura a la cama fue en la cintura, para asegurarme de que no podría moverse. Tenía la cabeza sobre la almohada, y la tercera atadura fue al cuello, para que no lo pusiese mover ni siquiera besarme. Esperaba que le hiciese alguna travesura, pero se confundió. Lo que quería era pasármelo por la piedra, todo el placer para él sin dejarle moverse. Empoderarme, convertirme en Andrómaca dominante. Le tapé los ojos para que no se diese cuenta que había activado por detrás de la almohada una grabadora y le descubrí los ojos. Quedó sin saber que se estaba grabando, mi travesura.
Comencé con su pene en mi boca hasta que me pidió que parase. Subí por su pecho hasta que nada separó a mi sexo y su boca, sintiendo su lengua en mi interior y con su movimiento circular en mi clítoris, hasta que me vi cerca del orgasmo llena de humedad y casi desesperada, me notaba totalmente ...