La cinta roja
Fecha: 13/08/2025,
Categorías:
Erotismo y Amor
Autor: Lorena1978, Fuente: CuentoRelatos
... abierta. Descendí, y le descubrí el glande para abrasarle con mi calor desde el primer momento. Así sucedió por la intensidad de su rostro al montar sobre él. Nada frenó porque yo lo tenía muy abierto y el pene, que no es precisamente pequeño, entró hasta el fondo sin ningún obstáculo.
Varias veces noté el gesto de querer moverse para acompañarme en ritmo, pero le había dado caza como la araña a su presa. Tampoco sirvió su intento de abrazarme o de tocar y comer mis pechos. La araña le tenía sujeto, preso. Noté su excitación al ensancharse su pene dentro de mí. Una excitación bestial que reforcé cuando me incliné para que mis pechos tocasen su pecho y besarle. Pero besarle no cuando él quería, sino cuando yo quería. La araña se comía a su presa.
Empecé a escuchar sus jadeos, cómo crecían en intensidad. Yo sabía que gemía pero solo intentaba escucharle a él, me excitaba y me destrozaba. Me notaba cada vez más húmeda. Los jadeos y gemidos se elevaban, debían hacer temblar las paredes. Su respiración que ya me destrozaba y me hacía arder se empezó a convertir en frases y palabras, unas muy cariñosas y otras verdaderas groserías, estado al que cuando llega pierde el control hasta el punto de que no sabe lo que dice y luego no lo recuerda. Tanto que una vez le dije sin darle importancia que me había llamado puta y en cambio se puso a llorar y a pedirme perdón. Esta vez le tenía atrapado, no solo a él sino también lo que decía, en aquella grabadora roja a la que ahora llamo ...
... la cinta roja. Y sin ser consciente yo también estaba en camino de quedar atrapada en aquella pequeña grabadora.
Cuando empieza a decir esas frases y susurros sé que emprende su camino hacia el orgasmo. Y acompaso mi ritmo. Cuando noté su orgasmo me excité más, ya estaba desesperada, y le acompañé con el mío. Me posé a su lado e hice una cosa que es la que indica cuando Pier lo ha pasado en grande, que le he llevado a lo máximo, observé su cara. Estaba rojita y brillante, con los ojos cerrados y una sonrisa como la de cuando un niño sueña con algo que le gusta mucho. Me lo había pasado por la piedra, me sentía fuerte, mujer, empoderada. Se quedó varios minutos con los ojos cerrados con la respiración entrecortada como si todavía se proyectase su orgasmo, así que aproveché para parar la grabadora y le quité todas la ataduras. Descansamos y dormimos un rato.
Tras una ducha le cogí de la mano y le llevé a la cama de vuelta. Le mostré la grabadora y puse en marcha la grabación. Nos mirábamos fijamente, y cuando empezamos a escuchar nuestros jadeos y gemidos noté como se hacía muy intensa su respiración y a mí me entró un escalofrío de placer. Se me volvía a humedecer mi sexo y su pene estaba erecto como nunca. Tenía ganas de ser penetrada pero no fue necesario hacerle un gesto, me tumbó colocándose sobre mí penetrándome otra vez sin encontrar obstáculos. Solo había entrado y estaba a punto de correrme y noté que también hacía un esfuerzo atroz e inhumano por no correrse. La ...