La cantante (parte 1)
Fecha: 16/08/2025,
Categorías:
Infidelidad
Autor: Lanfasone, Fuente: CuentoRelatos
Conocí a Roxana hace cinco años atrás, la vi, mejor decir porque en ese momento apenas si cambié unas palabras con ella.
Estábamos en un crucero con mi esposa de esa época, mi ex actual. Esas vacaciones inútiles que hace una pareja con más de veinte años de matrimonio para revivir algo que ya está muerto desde hace tiempo.
Ya habíamos cenado, estábamos bebiendo una copa en el piano bar, yo había visto un piano de cola pero no le presté mucha atención, no soy un melómano precisamente.
Comencé a escuchar una canción en inglés, pero en realidad ya digo que no le prestaba atención.
–¿Te has fijado que guapa es la cantante? –dijo mi esposa
–¿Si? –dije, me di vuelta para evitar discusiones, porque hasta que no miraba algo que me señalaba, no me dejaba en paz.
Y entonces la vi. Cantaba con los ojos cerrados con el micrófono en la mano, de pie frente al piano.
Era una chica alta de 1,70 o más, con el cabello oscuro, muy largo, hasta la cintura, morena de piel.
Y entonces abrió los ojos, por dios que ojos, eran espectaculares, grandes y oscuros con unas largas pestañas, como de princesa árabe, pues tenía unas cejas densas, delicadas pero maravillosamente densas.
El ovalo de su cara era perfecto, tal vez con el mentón un poco retraído y una boca contundente y de labios carnosos, la nariz recta y fina.
Pero en ese rostro lo que dominaban eran los ojos, que en gran parte del tiempo los tenía cerrados, pero al abrirlos, generalmente cuando daba una nota más ...
... aguda, producía una sensación de inmensidad inmediata. Cada vez que abría los ojos, sentía yo una punzada en el estómago.
Y por supuesto esa boca, que por el hecho de estar cantando dejaba ver parte de los blancos y fuertes dientes, la lengua rosada y pequeña.
Y su cuerpo era algo increíble, llevaba un vestido, negro, sin nada especial, el clásico vestido que usa una cantante como ropa de trabajo. Se adivinaban unos pechos exagerados y llenos, la cintura pequeña, unas caderas poderosas. El vestido era largo con una abertura que por momentos dejaba ver una pierna morena y estilizada, recuerdo que me llamó la atención las finas pulseras en su brazo moreno y una pulsera en el tobillo, un poco más gruesa y que parecía ser de oro, usaba zapatos de tacón, también negros.
–¿Es guapa no? –dijo mi esposa.
Poe dios, no podía dejar de mirarla, darme vuelta finalmente para encararme con mi esposa fue una verdadera tortura.
–Si, guapísima –dije
–Siéntate a mi lado, así la puedes ver bien –dijo ella.
Le agradecí, por dentro, ese gesto a Isabel, fue un hermoso gesto de su parte. Aunque unos meses más tarde en pleno divorcio, ya no era tan amable.
Demás está decir que esos diez días del crucero estuve pendiente de esa cantante, pude averiguar que se llamaba Roxana Abraham y era argentina y el pianista, un chico rubio y delgado de aspecto triste y torvo, era su pareja.
Al día siguiente estábamos en la piscina y fue otra vez mi esposa quien me alertó.
–Mira, ahí ...