1. Mi hermano y un desconocido me convierten en su puta


    Fecha: 30/11/2025, Categorías: Incesto Autor: Adicta al Sexo, Fuente: CuentoRelatos

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    Hace unas noches salí con mi hermano a tomar unas copas. Era un martes cualquiera, la noche más calurosa del mes de agosto. Terminamos de cenar con mis padres y Álex propuso la idea. Estaba aburrido y yo también.
    
    Tomamos el coche y fuimos a una terraza-bar de moda este verano. Cuando íbamos a entrar, mi hermano se encontró con unos compañeros universitarios y se paró a charlar con ellos. Pensé que se enredarían contando batallitas y no me apetecía escucharlas. Le dije que me adelantaba, que me buscara en la barra.
    
    El local estaba envuelto en una neblina de luces de neón, un lugar perdido en las afueras de la ciudad, donde el tiempo parecía detenerse entre tragos de cerveza tibia y risas roncas. Caminé con el paso firme de quien sabe que no pertenece del todo, pero que tampoco se siente fuera de lugar. Mi cabello oscuro caía en ondas sobre los hombros, y el vestido negro que llevaba, ajustado, pero no demasiado, dejaba entrever la curva de mis caderas con cada movimiento.
    
    El lugar estaba lleno, pero no abarrotado. Las mesas ocupadas por grupos de amigos, algunos jugando al billar en la esquina, otros inclinados sobre sus vasos como si el alcohol pudiera darles respuestas. Me acerqué a la barra, pedí un gin-tonic y me senté en un taburete alto, dejando que el murmullo del local me envolviera. Fue entonces cuando le ...
    ... vi.
    
    Estaba al otro lado de la barra, esperando a ser atendido. Con cabello castaño revuelto y una barba de dos días, tenía esa clase de sonrisa fácil que invitaba a mirarlo más de una vez. Llevaba una camiseta gris que se tensaba ligeramente sobre los hombros, y sus manos, grandes y ásperas, jugaban con un encendedor que no parecía encender.
    
    No pasó mucho tiempo antes de que nuestras miradas se cruzaran por primera vez. Luego aparté la mirada, fingiendo interés en mi bebida, pero el cosquilleo en la nuca me dijo que seguía observándome.
    
    —Disculpa, ¿este taburete está ocupado? —dijo una voz grave, con un toque juguetón. Era él, ahora de pie junto a mí, con una botella de cerveza en la mano y esa sonrisa que parecía prometer problemas.
    
    Le miré de reojo, dejando que el silencio se alargara un instante antes de responder.
    
    —Solo si tú lo quieres —respondí.
    
    Él rio, un sonido cálido que llenó el espacio entre nosotros, y se sentó sin más preámbulos.
    
    —Soy Lucas y no muerdo, aunque lo parezca —dijo con un brillo en los ojos que no pasó desapercibido.
    
    —No estoy tan segura de eso —respondí.
    
    Lucas se inclinó un poco más cerca, lo suficiente para que yo captara el leve aroma a madera y cerveza en su aliento.
    
    —¿Y tú cómo te llamas, desconocida del gin-tonic?
    
    —Laura —respondí, sosteniendo su mirada. No había razón para jugar a la tímida, no esa noche.
    
    La conversación fluyó con una facilidad que me sorprendió. Lucas era el tipo de persona que hacía que todo pareciera ...
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