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Mi hermano y un desconocido me convierten en su puta
Fecha: 30/11/2025, Categorías: Incesto Autor: Adicta al Sexo, Fuente: CuentoRelatos
... bar y hacia la oscuridad de las carreteras secundarias. El interior del coche olía a cuero viejo y a algo vagamente dulce, como si alguien hubiera fumado un cigarrillo aromatizado horas antes. Conecté mi teléfono al equipo de sonido y elegí una lista de reproducción. La ciudad quedó atrás, reemplazada por campos abiertos y el resplandor ocasional de alguna casa lejana. El silencio entre nosotros no era incómodo, sino cargado, como si cada uno estuviera midiendo al otro, esperando el próximo movimiento. Había algo liberador en estar allí, en ese coche con mi hermano y un desconocido que no lo era del todo. Después de un rato, Lucas giró hacia un camino de tierra que se adentraba en una pequeña arboleda. Los faros cortaban la oscuridad, iluminando troncos desnudos y hojas secas que crujían bajo las llantas. Finalmente, detuvo el coche en un claro donde la luna se filtraba entre las ramas, bañándolo todo en un brillo plateado. Apagó el motor, y el silencio nos envolvió, roto solo por el crujir del metal enfriándose. —Esto es lo bastante lejos de miradas curiosas. —dijo Lucas, girándose hacia mí con esa sonrisa suya. Yo asentí, sintiendo el peso de sus miradas sobre mí. El aire dentro del coche se volvió más denso, más cálido, como si el espacio entre los tres se hubiera reducido sin que nadie se moviera. —¿Y ahora qué? —pregunté, mi voz más baja de lo que pretendía. Lucas y mi hermano intercambiaron una mirada, una conversación muda que yo no pude descifrar. ...
... Luego, Lucas se acercó, su mano rozando mi brazo con una ligereza que era más pregunta que afirmación. —¿Qué te gustaría que pase? Giré la cabeza hacia Lucas, dejando que mis labios se curvaran en una sonrisa que era mitad desafío, mitad invitación. —¿Preguntas qué me gustaría? —repetí, mi voz suave pero cargada de intención—. Depende de lo que estéis dispuestos a ofrecer. Lucas soltó una risa baja, un sonido que reverberó en mi pecho y que hizo que el ambiente se sintiera aún más íntimo. Álex finalmente habló, su voz cortando el aire como una navaja afilada. —Ella no parece de las que se apresuran —dijo, y había un matiz en su tono, algo entre admiración y provocación. —¿Y tú qué sabes de mí? —respondí, arqueando una ceja. No era una pregunta defensiva, sino un juego, una forma de probar sus dotes de actor. —Solo lo que veo —dijo Álex, sosteniendo su mirada sin parpadear—. Y veo a alguien que no está aquí por casualidad, veo a una zorrita que busca jaleo. Su comentario me sorprendió gratamente, pero no respondí de inmediato. En lugar de eso, me recosté en el asiento, dejando que el cuero crujiera bajo mi peso, y crucé las piernas con un movimiento lento que sabía que atraería la mirada de Lucas. Estaba disfrutando esto: el control, la tensión, la forma en que los dos parecían orbitar a mi alrededor. Había algo embriagador en ser el centro de su atención, en sentir que el rumbo de la noche dependía de mí. Podía sentir el pulso latiendo en mis muñecas, ...