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El misterio del Hotel Hécate
Fecha: 20/12/2025, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos
Nota: El relato empieza como un trio y acaba como una orgia... creo. "El misterio del Hotel Hécate" Susi había soñado con ese viaje durante años. Recién graduada, con sus ahorros y una mochila al hombro, se lanzó a explorar el país, buscando aventuras antes de establecerse en la rutina adulta. Pero esa noche, la tormenta cambió sus planes. El viento aullaba como un lobo herido cuando divisó el letrero desgastado: "Hotel Hécate". Las luces tenues parpadeaban, invitándola a entrar. Sin opción, empujó la puerta pesada y se encontró con una recepción envuelta en penumbras, el aroma a madera vieja y algo más… incienso, tal vez. —Bienvenida. La voz era suave, masculina, pero había algo en ella que le erizó la piel. Dos figuras idénticas emergieron de las sombras: gemelos de cabello castaño despeinado y ojos oscuros como pozos sin fondo. —Soy Lucian —dijo el primero, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. —Y yo, Damien —añadió el segundo, su mirada recorriendo su cuerpo con una intensidad que la hizo ruborizarse. —Necesito una habitación —murmuró Susi, tratando de ignorar el latido acelerado de su corazón. … Susi aceptó quedarse. Después de todo, la tormenta seguía rugiendo afuera, y aquellos gemelos, aunque intensos, parecían amables. —No hay otros huéspedes —explicó Lucian mientras servía un vino espeso y rojo como la sangre—. En esta época, nadie viene por aquí. —Solo nosotros tres —añadió Damien, sus ojos oscuros clavados en ella mientras ...
... cortaba su carne con elegancia antinatural. La cena transcurrió en un silencio tenso, roto solo por el tintineo de los cubiertos y el crujido de la madera en la chimenea. Susi sentía sus miradas como dedos invisibles recorriendo su cuello, sus hombros, el escote de su blusa. —Debes estar cansada —murmuró Lucian de pronto—. Te mostraremos tu habitación. La siguieron por el pasillo, sus pasos tan sincronizados que parecían un solo hombre multiplicado. La habitación era amplia, con una cama de dosel y cortinas de terciopero desgastado. Damien le entregó una llave antigua. —Puedes cerrar desde adentro —dijo—. Para que no temas. —Aunque no necesitarías hacerlo —susurró Lucian, rozándole el hombro al pasar. Susi tragó saliva. —¿Y si necesito algo? —preguntó, tratando de sonar casual. Damien se inclinó hacia ella, su aliento caliente en su oreja. —La puerta principal se cierra a las nueve y no se abre hasta las siete. Nadie entra… ni sale —sus labios se curvaron en una sonrisa—. Pero si gritas, tal vez te escuchemos. Los gemelos se retiraron, dejándola con un nudo en el estómago. Susi cerró la puerta con llave y se apoyó contra ella, conteniendo la respiración. Fuera, el viento aullaba como una bestia. El agua caliente del baño había relajado sus músculos, pero no sus nervios. Susi aseguró la puerta con una silla —por si acaso— antes de ponerse su pijama más discreto y envolverse en las cobijas. La tormenta rugía fuera, pero el sonido de la lluvia contra los ...