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Aventuras con mi hijastra La excursión
Fecha: 06/01/2026, Categorías: Hetero Incesto Sexo con Maduras Autor: SERRANO V4, Fuente: SexoSinTabues30
... fragilidad juvenil a su imagen. Al pasar a mi lado, me lanzó una mirada ligeramente coqueta, un recordatorio silencioso de nuestros encuentros anteriores. Después aparece Wendy, con un pantalón vaquero ajustado que resaltaba sus caderas redondas, llevaba una blusa negra semitransparente que dejaba ver su sostén de encaje negro. Sus senos medianos y firmes se insinuaban bajo la tela, invitando a la imaginación. Un perfume sensual y enigmático, con notas de vainilla y sándalo, la envolvía en un aura de misterio y seducción. Mientras Wendy regresaba a su habitación por su bolso, cartera y llaves, diciendo: «¡Ya es tarde para la escuela!», Astrid y yo compartimos una sonrisa cómplice. Astrid, llena de alegría, corrió a mis brazos, y la recibí con un abrazo fuerte que la levantó del suelo. Su perfume a flores frescas, una mezcla de jazmín y madreselva, me envolvió al instante. Le susurré al oído: «¡Qué rico hueles!. Su respuesta fue un beso que me dejó sin aliento. Le correspondo con la misma pasión, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío. La levanto con ambas manos, tomándola de su estrecha cintura. As sonríe y me rodea el cuello con sus brazos, colgándose de mí por un instante. La abrazo con fuerza, sintiendo su cariño y su ternura. La sostengo por las caderas, sintiendo el calor de su cuerpo. Con un movimiento decidido, levanto su falda sintiendo la fina tela de su prenda íntima ceñida a su delicada piel. Sus ojos se abren con sorpresa y deseo, sus labios se ...
... entreabren en una invitación silenciosa. En un instante de audacia y pasión, deslizo sus bragas al interior de sus nalgas, acomodándolas como si fueran una tanga. Wendy, ajena a lo que sucedía, seguía buscando las llaves en nuestra habitación. «¡Ya vamos!», gritó, con la voz cargada de impaciencia. «¿Nos llevas?». Astrid se separó con rapidez, sin darme tiempo a acomodarle su ropa interior. Con una expresión de sorpresa y un ligero sonrojo en sus mejillas, exclamó: “¡Mamá, espera!, ¡tengo que ir al baño!”. Pensando en ir a acomodarse su ropa íntima. Mi esposa, justo en ese momento, salió del cuarto, apurada: “¡Ya no hay tiempo, vamos, se nos hace tarde!” Astrid me lanzó una mirada que heló la sangre. Sus ojos brillaron con una mezcla de sorpresa y picardía mientras una sonrisa traviesa se dibujaba en sus labios. “Me las vas a pagar por dejarme mis chones así…”, dijo con un tono que mezclaba reproche y deseo. Antes de que pudiera responder, salió corriendo hacia el auto, donde su madre nos esperaba. Durante todo el camino a la escuela, yo conduciendo, Wendy de copiloto y mi pequeña colegiala en el asiento de atrás, me miraba con picardía. Sus ojos, normalmente llenos de inocencia, brillaban con un destello travieso. ¿Qué significaba esa mirada? ¿Era una niña jugando a ser mujer o había algo más detrás de esa expresión?. Mientras Wendy iba muy distraída con el teléfono, Astrid, con una sonrisa traviesa en los labios, comenzó a jugar disimuladamente con el cinturón de seguridad, ...