1. Aventuras con mi hijastra La excursión


    Fecha: 06/01/2026, Categorías: Hetero Incesto Sexo con Maduras Autor: SERRANO V4, Fuente: SexoSinTabues30

    ... abrochándolo y desabrochándolo lentamente. Llamando mi atención y asegurándose de que la esté observando a través del retrovisor con una sonrisa traviesa, me hizo señas con sus manos, señalando sus piernas. Sus dedos se posaron en el borde de su falda. Con los dedos subió su vestido hasta los muslos cubiertos por sus blancas medias y, con delicadeza y abrió las piernas. Con una sonrisa juguetona que se dibujó en sus labios, Astrid levantó su falda hasta la cintura, revelando sus bragas de algodón rosa. Sus ojos, dos luceros traviesos de color marrón profundo, brillaban con la picardía de una niña que está a punto de hacer una travesura inocente, mientras, con un movimiento rápido y despreocupado, se bajaba las bragas hasta las rodillas. Justo en ese momento, Wendy, que seguía distraída con el teléfono, levantó la vista y exclamó: «¡Ya vamos a llegar a la escuela!». Ajena a lo que acababa de suceder, no notó que Astrid se había quitado las bragas y las había dejado a la vista sobre el asiento. Astrid, con una calma sorprendente, se acomodó la falda y cruzó las piernas, Por un instante, mientras cruzaba las piernas con aparente inocencia, entreabrió ligeramente sus muslos lo suficiente para que, a través del retrovisor, alcanzara a ver la suave la hendidura rosada de su vulva juvenil. como si nada hubiera pasado. La sonrisa traviesa que aún adornaba sus labios delataba su travesura. Al llegar a la escuela, Wendy, aún absorta en su teléfono, me pidió que la acompañara hasta la ...
    ... entrada. «¿La acompañas a la entrada, por favor?», me dijo sin quitar la vista del teléfono. Desciendo del vehículo primero y le abro la puerta a mi linda traviesa. Astrid se despidió de su madre con un beso y luego se dirigió a mí. «Me podrías pasar mi mochila, por favor?», me dijo con una voz dulce y seductora. «Se me olvidó en el asiento». Al buscar la mochila de Astrid, noté que algo más había en el asiento. Era su ropa interior, la que se había quitado momentos antes la tomé y doble rápidamente “¿Me acompañas a la entrada?”, me preguntó con una voz dulce y melodiosa. Asentí con la cabeza, incapaz de articular palabra. Con la mochila en la mano y la ropa interior de Astrid como un recordatorio palpable de lo que acababa de suceder, caminé junto a ella hacia la entrada de la escuela. Al llegar a la puerta principal, Astrid se detuvo y me miró con una sonrisa. «Gracias por acompañarme», dijo con una voz suave. «Pero olvidaste algo». Extendió la mano, tomó su mochila y sus pantaletas, pero antes de alejarse, me dio un rápido beso en la mejilla. «Guárdame esto», susurró, deslizando su ropa interior doblada en el bolsillo de mi pantalón. «Es nuestro secreto». Sus amigas le llamaron a As. Astrid sonrió ampliamente al verlas. “¡Chicas! Perdón, se me hizo un poco tarde”. Se giró ligeramente hacia mí y, tomándome brevemente del brazo, me dijo con una sonrisa más amplia: “Chicas, él es mi Papá, Papi, ellas son mis amigas, Michelle y Camila”. Michelle, con su cabello rubio recogido ...
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