1. Devota a Dios


    Fecha: 10/01/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Mare, Fuente: CuentoRelatos

    Nací en una familia evangélica muy devota a Dios, a las vírgenes y santos, mis padres ayudaban a la congregación e íbamos dos o tres veces a la semana y el papa de la iglesia era amigo de mi familia y muchas veces iba a cenar a la casa.
    
    Lo que quiero decir es que me conocía la biblia de génesis a apocalipsis, los 10 mandamientos y crecí con el temor de Dios.
    
    Por eso cuando veía y deseaba ver a mujeres desnudas sentía tanto miedo que me castigarán en ese mismo momento.
    
    Hasta los 18 estuve así, con arrepentimiento por masturbarme imaginando mujeres, pero era adicta y había empeorado porque ya había pasado la raya de ver pornografía, me gustaba ver a dos mujeres comiéndose el coño
    
    Un día estaba de ayudante en una feria de la iglesia donde vendían todo tipo de dulces, estaba distraída en mis pensamientos cuando veo pasar a una chica de mi edad, tenía un aire rebelde, provocativo y arrogante, de seguro era de las familias no creyentes, no la podía dejar de ver, tenía un shorts super corto que dejaba ver sus piernas largas y sus nalgas apretadas y levantadas.
    
    Lo primero que hice fue juzgar, era muy provocativo pero luego lo deseé, no le quitaba los ojos de encima y cuando ella lo percibió, tampoco me quitaba la mirada.
    
    Me fui de la carpa antes de que se acercara a mí, a la parte de atrás.
    
    -Te vi viéndome -me dijo, con su cabello rebelde y su mirada perspicaz- Reconozco esa mirada.
    
    -Disculpa, no sé de qué hablas.
    
    -Me deseas, debe ser difícil para ...
    ... ti.
    
    Como no le dije más nada se acercó más a mí, no podía reaccionar porque quería que me tocara, apretó su cuerpo en mi contra la lona de la carpa, sentía sus pechos duros contra los mío y su aliento caliente cerca de mi boca.
    
    Me sentía hervir, de gelatina y anhelaba más.
    
    Tuve miedo, así que corrí lejos de ella y al mes siguiente hice lo más drástico que podía imaginar para dejar de pensar de esa manera de las mujeres y dejar de masturbarme, fui a un convento de monjas.
    
    -Señorita Susan, vaya con Carla a ayudar en la cocina, necesitan ayuda allá ya que la hermana Constantina está enferma.
    
    Estábamos en pleno desayuno, siempre nos ponían oficio en el día para estar ocupados, Carla era otra chica de mi edad, muy blanca con pecas y no le gustaba mirar a las personas a los ojos.
    
    Ayudar en la cocina se volvió un trabajo de todo los días porque a la hermana Constantina le gustó la rapidez y lo centrada que éramos las dos en la cocina, y las dos comenzamos a ser más unidas, hablamos y hacíamos todo juntas.
    
    Un día en la cocina se habían hecho pescado y teníamos el olor super impregnado en el cuerpo.
    
    -Vamos a bañarnos, Susan, este olor es totalmente desagradable, no quiero ir por ahí incomodando a las demás, ¿me acompañas? -me dijo Carla, mientras así una cara de desagrado que me pareció absolutamente dulce.
    
    La acompañé, eran baños compartidos así que mientras arreglaba mi jabón y shampoo para meterme a bañar, vi que ella se quitaba la ropa sin el mínimo pudor, estaba ...
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