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La policía y el ladronzuelo (4)
Fecha: 12/01/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: El otro yo, Fuente: CuentoRelatos
Esa noche a ambos les costó dormirse. La oficial estaba muy excitada. Aunque no fuera a utilizarlo todavía quería que el ladronzuelo supiera quien mandaba y dejó su puerta abierta. Vestía un suave tanga y una remera holgada. Su mano derecha recorría despacio sus muslos. La izquierda masajeaba con la misma fuerza sus pechos, agarrando a veces la pequeña llave que colgaba entre ellos. Sus caricias le provocaban sonrisas y suspiros. Un suave gemido salió de su boca en cuanto su dedo índice acarició su vagina por sobre su ropa interior. Siguió jugando de esa forma con su cuerpo, sobresaltándose cada vez más a medida que sus manos pasaban por sus zonas erógenas. El calor exterior la estaba haciendo transpirar y el interior aumentar su ritmo cardíaco y la hacía apoyarse cada vez más en sus pies y sus hombros. Para entonces ya se frotaba a mediana velocidad sobre su bombacha y gemía a un volumen que era imposible que pasara desapercibido a su huésped. Lo más rápido que pudo bajó su ropa íntima hasta las pantorrillas y chupó sus dedos índice y medio. Recorrió con estos por vez primera su sexo, gimiendo dulcemente. Se penetró despacio, disfrutando el placentero roce cada centímetro de sus dedos al ingresar dentro de ella le daba. Los dejó quietos en su interior, metiéndolos y sacándolos a través del movimiento de su cadera, que subía y bajaba a un ritmo medio/alto. Su otra mano se dedicaba a pellizcar su seno izquierdo sobre la remera. Ya gritaba poseída cuando empezó a ...
... acompañar el vaivén de su pelvis con el de su mano. Eso solo le produjo que gimiera con más intensidad y alcanzara un largo y exquisito clímax. Se quedó acostada, recomponiéndose de a poco, mientras sus manos la acariciaron hasta que se quedó dormida. En la otra habitación el ladrón tenía su pene totalmente erecto. Solo pensaba en la manera de frotarse con algo, pero sus ataduras de pies y manos no le permitían mucho movimiento. Subía y bajaba su cadera como lo hacía la policía, pero obteniendo frustración en lugar de placer. Al principio creyó que los gemidos de su compañera de piso eran producto de su imaginación. Desde su primera experiencia sexual nunca había estado tanto tiempo sin cogerse a una puta, ya sea de profesión o de alma. Pero el encierro impuesto por la zorra que estaba gozando a pocos metros suyo lo obligaron a cambiar sus planes. Los primeros días no tuvo mayores inconvenientes, pero a medida que pasaba el tiempo la calentura nublaba su juicio. Cuando se le hizo insoportable fue a buscar a su verdugo, pero las cosas no fueron como las había planificado. Intentó evadirse de los sonidos que llegaban de la otra habitación, pero su excitación pronto le ganó a su razón y a los pocos minutos estaba imaginando a su torturadora masturbarse frenéticamente. Cuando la oyó alcanzar su clímax llegó a pensar en que daría lo que fuera por poder correrse con ella. Esa noche fue una constante pelea entre el enfado que le provocaba y los límites que estaba dispuesto a ...